VICTORIA VERA, CONSIDERA QUE "DESTAPE" ES UNA PALABRA HORRENDA Y...
A lo largo de su carrera, Victoria Vera ha sido asociada con frecuencia a una etiqueta que ella acepta sin demasiados reparos: la de “musa de la Transición”. Un calificativo que, según recuerda, procede del escritor Francisco Umbral. Muy distinta es su reacción cuando se la vincula con el llamado “destape”, una expresión que considera despectiva y profundamente equivocada.Para la actriz madrileña, nacida en 1953, ese término pertenece a una etapa anterior, vinculada al final del franquismo, cuando ella todavía estaba formándose en el teatro. Con la llegada de la transición democrática, explica, lo que surge es otra forma de abordar el erotismo en escena y en pantalla: una mirada distinta, más elegante y respetuosa con el público y con las propias intérpretes.
Vera ha recordado también cómo, en su opinión, el concepto de “destape” sirvió en muchas ocasiones para ridiculizar o humillar a las actrices. Incluso ha señalado prácticas habituales de la época, como la existencia de dos montajes distintos de una misma película: uno destinado al público español y otro pensado para su exhibición en el extranjero, más allá de los Pirineos.
Su recuerdo de aquellos años está muy ligado al teatro. Durante la representación de la obra ¿Por qué corres, Ulises?, escrita por Antonio Gala, vivió uno de los episodios que mejor simbolizan para ella el final de la censura. En un ensayo general observó a un hombre sentado al fondo del patio de butacas con una pequeña luz roja: era el censor. Tras la función se acercó para señalar que a la joven actriz —ella misma— había que ponerle un imperdible porque, según dijo, corría el riesgo de que se le escapara un pecho.
La respuesta llegó el día del estreno. Vera preguntó al propio Gala qué debía hacer, y el dramaturgo le contestó que hiciera lo que quisiera. Decidió quitar el imperdible y salir a escena tal cual. Para ella, aquel gesto simbolizó el fin de una época en el teatro español y el comienzo de un periodo que recuerda como “maravilloso”, marcado por el deseo de concordia y de construir un país nuevo.
Aunque el cine formó parte importante de su trayectoria, con el tiempo encontró en el teatro una especie de refugio creativo. Allí, explica, disfruta de algo que el cine no puede ofrecer: la comunicación directa con el público. Aun así, guarda un vínculo muy especial con el séptimo arte, especialmente por la camaradería que se crea durante los rodajes.
Entre sus trabajos cinematográficos, considera un momento clave su participación en Asignatura aprobada, dirigida por José Luis Garci, una película que, según cuenta, le abrió las puertas a un contexto más internacional. También recuerda con especial cariño personajes como el de Neleta en Cañas y barro o su interpretación en Ninette y un señor de Murcia.
A sus más de setenta años, Vera asegura sentirse con la misma energía que cuando empezó. Mantiene proyectos en marcha y sigue observando el presente del cine con atención. Cree que el sector atraviesa un momento de cambio en el que quizá sea necesario apostar menos por la cantidad y más por la calidad, pensando en una proyección verdaderamente europea e internacional. Entre los cineastas actuales que más admira menciona a Alejandro Amenábar, cuya película Mientras dure la guerra le causó una profunda impresión.
Con la misma ilusión —y la misma rebeldía— con la que empezó, Victoria Vera afirma sentirse orgullosa de haber sabido muy pronto cuál era su camino: el escenario, el cine y la interpretación como forma de vida. 🎭🎬

No deja de tener su gracia que lo diga ella, que todo lo que ha sido dentro del mundo del cine se lo debe al destape.
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