TRAS LA FUSION DE WARNER CON PARAMOUNT, LOS DIRECTIVOS DE ESTA PROMETEN 30 PELICULAS AL AÑO MIENTRAS LOS ACCIONISTAS DE WARNER VENDEN SUS ACCIONES.
TRAS LA FUSION DE WARNER CON PARAMOUNT, LOS DIRECTIVOS DE ESTA PROMETEN 30 PELICULAS AL AÑO MIENTRAS LOS ACCIONISTAS DE WARNER VENDEN SUS ACCIONES.
La futura fusión entre Paramount Pictures y Warner Bros. Discovery no solo dibuja un nuevo mapa corporativo en Hollywood; también promete una declaración de guerra silenciosa al dominio del estreno en streaming. Al frente de esa ofensiva está David Ellison, decidido a convertir la exhibición en salas en el eje central del nuevo gigante.Su objetivo es tan ambicioso como contundente: quince películas anuales por estudio. Es decir, al menos treinta estrenos cinematográficos cada año bajo el mismo paraguas empresarial. Durante una reciente conferencia con analistas, Ellison no dejó espacio para la ambigüedad: la compañía está comprometida con un amplio catálogo de historias pensadas para la gran pantalla. En una era dominada por la inmediatez digital, su afirmación suena casi ideológica: las películas, sostiene, deben verse en los cines.
Los números respaldan, de momento, la intención. Paramount planea pasar de ocho estrenos en 2025 a un mínimo de quince en 2026. Warner, por su parte, se quedó en once el pasado año, por debajo del listón que ahora se fija como norma. Pero más allá de las cifras, la clave está en la estrategia: la compañía mantendrá una ventana exclusiva en salas de 45 días antes de cualquier explotación doméstica. Desde la adquisición de Paramount, insiste Ellison, no contemplan producir cine concebido directamente para plataformas.
El desafío es monumental. Mantener treinta lanzamientos amplios al año implica una maquinaria industrial de enorme precisión: desarrollo simultáneo de proyectos, rodajes encadenados, campañas globales de marketing y calendarios capaces de evitar la canibalización interna. En la era del blockbuster global, donde cada superproducción puede requerir años de gestación y presupuestos que rozan lo desorbitado, sostener ese ritmo exige algo más que entusiasmo: requiere músculo financiero y una coordinación casi quirúrgica.
Mientras tanto, en la cúpula de Warner Bros. Discovery, el movimiento corporativo también deja titulares. David Zaslav ha aprovechado la apertura de la ventana de venta de acciones —tras el último reporte trimestral— para desprenderse de más de cuatro millones de títulos, ingresando alrededor de 114 millones de dólares. No fue el único: ejecutivos como JB Perrette, Bruce Campbell (sin relación con el actor homónimo) y Gunnar Weidenfels también realizaron operaciones de siete cifras, todas dentro de los márgenes legales establecidos.
Todo ocurre en paralelo a la venta de WBD a Paramount Skydance por 111.000 millones de dólares, una cifra que redefine la escala del negocio. Para Zaslav, el horizonte se traduce en cientos de millones en acciones; para la industria, en un nuevo equilibrio de poder.
La gran incógnita no es solo si podrán producir treinta películas al año, sino si el público —y el mercado global— están preparados para absorberlas. Entre la épica de futuras franquicias y la aritmética bursátil, el cine vuelve a situarse en ese delicado cruce entre espectáculo y estrategia financiera. Y, como siempre en Hollywood, el verdadero veredicto llegará cuando se apaguen las luces de la sala.

Menudo gigante va a nacer, ríete de Disney y su fusión con la Fox.
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