"THELMA Y LOUISE", EL MAL RECUERDO DE SUSAN SARANDON CON BRAD PITT.
A comienzos de los noventa, Ridley Scott atravesaba una etapa de incertidumbre. Tras varios proyectos que no habían alcanzado el impacto esperado, su nombre parecía haberse alejado de la primera línea. Fue entonces cuando llegó Thelma & Louise, una historia que, sin hacer ruido al principio, acabaría resonando con una fuerza inesperada en la cultura cinematográfica.
La película proponía algo sencillo en apariencia: dos mujeres que emprenden un viaje para escapar de la rutina. Pero en manos de Geena Davis y Susan Sarandon, ese trayecto se transformaba en una huida emocional, en un acto de rebeldía y afirmación personal que conectaba directamente con el espectador. Entre el drama y la aventura, la cinta encontró una voz propia, convirtiéndose con el tiempo en un referente clave del cine contemporáneo con mirada feminista.
Sin embargo, en medio de esa historia de libertad y ruptura, surgió un elemento inesperado que terminaría teniendo su propio recorrido. Un joven actor prácticamente desconocido irrumpía en pantalla con una mezcla de carisma y peligro. Brad Pitt apenas contaba con papeles menores, pero su aparición como el autoestopista JD tenía algo distinto, difícil de definir y, al mismo tiempo, imposible de ignorar.
Su personaje condensaba una dualidad fascinante: seductor, cercano, casi magnético, pero también imprevisible. La escena que comparte con el personaje de Davis se convirtió rápidamente en una de las más recordadas, no solo por su carga emocional, sino por el giro que revelaba la verdadera naturaleza de JD. Ese contraste fue clave para que el público empezara a fijarse en él con una atención especial.
En el set, esa impresión no parecía ser muy distinta. La propia Geena Davis recordaría después cómo, durante la lectura del guion, su concentración se veía alterada por la presencia del joven actor. Había algo en él que desbordaba la escena incluso antes de que la cámara empezara a rodar.
Con el paso de los años, Susan Sarandon aportó una anécdota que añadiría una capa más de misterio a aquel rodaje. Comentó, con cierta ironía, que el día en que Pitt filmó sus escenas fue el único en el que el equipo revisó todo el material grabado de inmediato, en un almuerzo inusualmente largo. Un detalle aparentemente trivial, pero que, en el contexto de un rodaje, resultaba poco habitual. Sus palabras dejaban entrever que aquel momento pudo tener una relevancia especial, más allá de lo estrictamente profesional.
Nunca se confirmó nada, pero la química en pantalla entre Davis y Pitt sigue siendo palpable décadas después. Quizá ahí reside parte de la magia del cine: en esos instantes difíciles de explicar que trascienden la ficción.
Lo indiscutible es que aquel breve papel marcó un antes y un después. No solo consolidó a Thelma & Louise como una obra influyente, sino que también encendió la chispa de una carrera destinada a convertirse en una de las más reconocibles de Hollywood. A veces, basta una escena, una mirada o un instante preciso para cambiarlo todo.

Visto con mis ojos, las escenas en que aparecía Pitt, oscurecía a Geena Davis y a Susan Sarandon, lo del rollete Pitt-Davis, ellos sabrán, de hecho la Davis se busco otro rubiete, el director Renny Harlin.
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