STEVEN SPIELBERG REVELA QUE PIENSA DIRIGIR UN WESTERN.
Antes incluso de que su nueva incursión en la ciencia ficción llegue a las salas, Steven Spielberg ya está proyectando su siguiente horizonte. Y no es un territorio cualquiera: será el wéstern, un género que ha orbitado durante décadas alrededor de su imaginario, pero que, sorprendentemente, nunca había abordado de forma directa.
El 12 de junio está marcado en el calendario con el estreno de El día de la revelación, una historia de extraterrestres protagonizada por Emily Blunt, Josh O’Connor y Colin Firth. Sin embargo, más allá de esa expectación inmediata, empieza a tomar forma otra aún más sugerente: la de ver cómo el director se enfrenta a un paisaje clásico del cine desde su propia sensibilidad.
El anuncio, aún envuelto en misterio, llegó durante el South by Southwest, donde Spielberg dejó caer apenas unas pistas. “Habrá caballos y armas”, comentó con una media sonrisa, para después matizar lo esencial: no será un wéstern de clichés ni de estereotipos. Una declaración que, viniendo de él, sugiere una revisión del género más que una simple incursión tardía.
Y es que el vínculo de Spielberg con el wéstern viene de lejos. Antes de cada rodaje, según ha confesado en más de una ocasión, regresa a las películas de John Ford en busca de inspiración. En particular, Centauros del desierto se ha convertido en una especie de ritual creativo, una obra a la que acude para reconectar con una manera de entender el cine donde el encuadre tiene tanto peso como la propia acción.
Esa admiración quedó reflejada incluso dentro de su propio cine. En Los Fabelman, Spielberg rindió homenaje a Ford con una aparición inesperada de David Lynch, en una escena que funciona casi como una transmisión de legado: la importancia de mirar el horizonte, de entender el encuadre como un acto narrativo en sí mismo.
Mientras tanto, su inminente regreso a la ciencia ficción también ha encontrado un eco curioso fuera de la pantalla. Las recientes declaraciones de Barack Obama sobre la posibilidad de vida extraterrestre provocaron una reacción inmediata del cineasta, que no pudo evitar ver en ellas un impulso inesperado para la conversación en torno a su película. Primero en tono de broma, después con una reflexión más amplia: la idea de que no estamos solos en el universo sigue siendo, al fin y al cabo, uno de los motores más poderosos de la imaginación humana.
Así, entre visitantes de otros mundos y cabalgadas aún por definir, Spielberg se mueve una vez más entre géneros que forman parte del ADN del cine. Si algo ha demostrado a lo largo de su carrera es su capacidad para reinterpretarlos desde dentro. El wéstern, ese territorio de mitos fundacionales, será su próximo desafío. Y quizá también una forma de mirar atrás para seguir avanzando.

Veremos a ver si Spielberg es capaz de devolvernos la grandeza y épica del western que se perdió desde el lejano 1985 con dos grandes westerns Silverado y El jinete pálido; y que volvió con timidez puntualmente pero con acierto en el remake de El tren de las 3:10 y Un vaquero sin rumbo.
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