OLIVER STONE COMIENZA A RODAR LA PROXIMA SEMANA SU NUEVA PELICULA CON JOSH HARTNETT DE PROTAGONISTA.
OLIVER STONE COMIENZA A RODAR LA PROXIMA SEMANA SU NUEVA PELICULA CON JOSH HARTNETT DE PROTAGONISTA.
Cuando el nombre de Oliver Stone parecía ya instalado en el pasado —más asociado a la polémica política que al pulso narrativo—, su regreso con White Lies irrumpe con una energía casi desafiante. No es solo una nueva película: es un gesto. Una forma de recordarle a la industria que, pese al silencio prolongado, sigue ahí.
El proyecto, largamente gestado y durante años ligado a Benicio del Toro, encuentra finalmente su forma con Josh Hartnett como protagonista. Un casting que no parece casual: hay algo de espejo entre ambos, una voluntad de reconstrucción tanto delante como detrás de la cámara. Mientras Stone vuelve a la ficción tras años en los márgenes, Hartnett se sitúa de nuevo en el centro, recuperando una presencia que parecía diluida.
El rodaje, que se extenderá durante varios meses entre Tailandia, Roma y Bulgaria, apunta a una producción ambiciosa en lo logístico, pero íntima en lo temático. Porque White Lies se articula sobre un conflicto profundamente humano: un hombre marcado por las fracturas familiares que reproduce, casi sin darse cuenta, los mismos errores en su propia vida. Divorcios, infidelidades, crisis paternas… y la irrupción de una figura que obliga a detenerse y mirar de frente aquello que se ha intentado evitar.
No hay aquí voluntad de reinventar el drama, sino de volver a sus raíces. A ese cine que incomoda desde lo emocional, que desnuda a sus personajes sin concesiones. En ese sentido, el proyecto conecta con la esencia del mejor Stone, el de Platoon, Wall Street o JFK, donde la intensidad narrativa iba de la mano de una mirada crítica y feroz.
Sin embargo, el contexto ha cambiado. Tras Snowden y su etapa más volcada en el documental político —incluyendo su controvertido acercamiento a Vladimir Putin—, Stone ha pasado años en una especie de exilio industrial. White Lies no solo tendrá que sostenerse como película, sino también como declaración: la de un cineasta que busca recuperar su lugar en un sistema que, quizá, ya no es el mismo.
Queda por ver si este regreso es un renacimiento o un último intento de reconciliación con el gran público. Pero lo que resulta innegable es que Stone vuelve a hacer lo que mejor sabe: poner a sus personajes contra el espejo y obligarlos —y obligarnos— a sostener la mirada.

El tiempo de Oliver Stone ya pasó y en cuanto a Josh Hartnett, a día de hoy es un actor semi-olvidado; de todas formas siempre es bueno que un veterano de la dirección vuelva a ponerse detrás de las cámaras. No es que me gustará mucho su cine, Platoon y Wall Street son las que mas me gustaron, pero su vuelta al menos paliara algo la falta de talento de los directores actuales.
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