EL OJO CRITICO
NUREMBERG (2025)
REPARTO: RAMI MALEK, RUSSELL CROWE, MICHAEL SHANNON, LEO WOODALL, JOHN SLATTERY, MARK O’BRIEN, RICHARD E. GRANT, COLIN HANKS, WRENN SCHMIDT, LOTTE VERBEEK, LYDIA PECKHAM, ANDREAS PIETSCHMANN
DIRECTOR: JAMES VANDERBILT
MÚSICA: BRIAN TYELER
PRODUCTORA: SONY PICTURES CLASSICS
DURACIÓN: 148 min.
PAÍS: ESTADOS UNIDOS
Hay películas que fracasan por torpeza, otras por exceso de ambición, y luego está Nuremberg, el intento de James Vanderbilt de convertir los juicios más trascendentales del siglo XX en un drama judicial que aspira a la épica… y se queda en un simulacro ruidoso. El material histórico era tan poderoso que cualquier aproximación exigía rigor, sensibilidad y una mirada clara sobre el peso moral de aquellos procesos. La película, en cambio, parece oscilar entre el thriller superficial y la reconstrucción didáctica mal digerida.
El retrato del psiquiatra militar Douglas Kelley, interpretado por Rami Malek, se presenta con un aire casi de héroe televisivo: ingenioso, seductor, ligeramente cínico. Ese tono choca con la gravedad de lo que se narra. El contraste no sería necesariamente un error si estuviera trabajado desde la complejidad, pero aquí termina generando una sensación incómoda, como si la película no supiera en qué registro quiere habitar.
El reparto intenta sostener el edificio. Russell Crowe compone un Hermann Göring inquietante, y Michael Shannon dota de intensidad al fiscal Robert Jackson. Sin embargo, el guion los encierra en escenas que buscan tensión donde la historia no la necesita. Los juicios de Núremberg no fueron un suspense sobre la culpabilidad de los acusados, sino un debate jurídico sobre precedentes, legalidad y memoria. Al simplificar ese conflicto en un duelo dramático convencional, la película pierde la oportunidad de explorar la verdadera dimensión histórica.
Formalmente, el montaje irregular y la narrativa entrecortada acentúan la sensación de desequilibrio. Los diálogos explicativos sustituyen al conflicto dramático, y el uso de metraje real del Holocausto dentro de una ficción tonalmente insegura provoca un choque que la película no sabe gestionar. Cuando la realidad histórica entra en escena, expone la fragilidad de la dramatización.
Quizá el problema no sea la intención —que se percibe sincera— sino la incapacidad para comprender el material. En lugar de enfrentarse a la complejidad moral de aquellos juicios, Nuremberg opta por simplificar, y al hacerlo deja escapar la verdad que el cine puede alcanzar cuando se acerca con respeto a la historia.


Si se ha visto Vencedores o vencidos no hay color si la comparamos a este film, en favor claro esta a la pelicula de Stanley Kramer, no solo a nivel actoral, sino en la fuerza de cada una de sus imágenes y en la intensidad del juicio, no obstante es un muy buen film donde sobretodo destacan las interpretaciones de Russell Crowe y Rami Malik. Lo que la hace diferente es que el film se centra mas en la relación del psicólogo protagonista con esa bestia a dos patas que era el líder nazi Goring.
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