MIRADA ASESINA (2025)

 EL OJO CRITICO


MIRADA ASESINA (2025)

REPARTO: GUY PEARCE, BILL PULLMAN, DeWANDA WISE, JOSH McDERMITT, JACK ALCOTT, JOANNA CASSIDY, RAOUL TRUJILLO, KEITH JARDINE, JAMIE NEUMANN, ANDREW J. WEST, CHARLIE TALBERT, GAIL CRONAUER, RYAN DE QUINTAL

DIRECTOR: NED CROWLEY 

MÚSICA: BROOKE BLAIR, WILL BLAIR 

PRODUCTORA: SHOUT! STUDIOS 

DURACIÓN: 108 min.

PAÍS: ESTADOS UNIDOS 

Hay westerns que se aferran al clasicismo del género y otros que prefieren aventurarse en territorios más inciertos. En esa segunda categoría se inscribe Killing Faith, una propuesta que combina el imaginario del oeste con elementos de fantasía oscura y terror sobrenatural. Escrita, producida y dirigida por Ned Crowley, la película apuesta por una mezcla de géneros que, aunque irregular, resulta lo suficientemente singular como para despertar curiosidad.

Rodada en los paisajes áridos de Santa Fe, en Nuevo México, la historia comienza en un terreno aparentemente realista. Un médico devastado por la culpa tras la muerte de su esposa e hija —interpretado por Guy Pearce— emprende un viaje junto a una esclava recién liberada que teme que su hija esté poseída por una extraña maldición: todo aquello que toca parece morir. Convencidos de que solo un sanador remoto puede ofrecer respuestas, ambos se adentran en un territorio hostil donde cada encuentro parece esconder una intención distinta, y donde la traición siempre acecha bajo la superficie.

A medida que avanza el relato, la película abandona gradualmente su anclaje realista para deslizarse hacia una dimensión más surrealista. La violencia adopta una forma estilizada, casi onírica, mientras el tono del film se vuelve cada vez más inquietante. El camino de los protagonistas se llena de personajes excéntricos y ambiguos —interpretados por actores como Raoul Max Trujillo, Jack Alcott, Josh McDermitt y Joanna Cassidy— que contribuyen a construir un universo extraño, casi febril.

La película inevitablemente recuerda a Bone Tomahawk de S. Craig Zahler, aquel western de terror protagonizado por Kurt Russell que también exploraba paisajes desolados y amenazas de naturaleza salvaje y grotesca. Killing Faith comparte con ella el gusto por los ambientes ásperos, los personajes turbios y la presencia de elementos sobrenaturales, aunque no alcanza la misma contundencia narrativa.

Las interpretaciones sostienen buena parte del interés. Pearce vuelve a demostrar su solidez interpretativa, una cualidad que ya había dejado patente en títulos como L.A. Confidential, Memento, The Proposition o The Hurt Locker. A su lado, Wanda DeWise ofrece una interpretación convincente como la mujer que impulsa el viaje. Por su parte, Bill Pullman aparece de forma tardía en el metraje, aportando presencia pero con un tiempo en pantalla sorprendentemente breve.

Crowley, que antes de dedicarse al cine trabajó como ejecutivo creativo en publicidad, demuestra oficio en la puesta en escena y en el apartado técnico, aunque la película acusa cierta irregularidad en su desarrollo. El trayecto está lleno de momentos inquietantes y secuencias parcialmente memorables, culminando en un final violento y desconcertante. Sin embargo, la conclusión deliberadamente ambigua deja la sensación de que el viaje —tanto para los personajes como para el espectador— merecía una recompensa narrativa más sólida.

Aun con sus imperfecciones, Killing Faith posee un encanto particular. Su mezcla de western crepuscular, horror sobrenatural y violencia estilizada la convierte en una experiencia curiosa, especialmente para quienes disfrutan de las hibridaciones de género. No es una propuesta destinada a todos los gustos, pero para los aficionados al western que buscan algo fuera de lo convencional puede resultar, al menos, un viaje digno de explorarse.




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