LA HUMILLACION QUE SUFRIO SANTIAGO SEGURA POR PARTE DE PEDRO ALMODOVAR.
Desde este viernes 20 de marzo, la cartelera española plantea un curioso pulso entre dos formas casi opuestas de entender el cine. Por un lado, la nueva película de Pedro Almodóvar, Amarga Navidad; por otro, el fenómeno popular de Torrente, presidente, comandado por Santiago Segura, que continúa demostrando su extraordinaria conexión con el público.
Más que una rivalidad explícita, lo que se dibuja es un contraste de estilos, de sensibilidades y de trayectorias. Sin embargo, la coincidencia en salas ha propiciado un intercambio de declaraciones tan improbable como revelador. Preguntado por la posibilidad de que Almodóvar participase en una de sus películas, Segura respondió con una mezcla de ironía y admiración: preferiría, dijo, que fuese al revés, que el director manchego le ofreciera un papel. Una puerta abierta que, según sus propias palabras, nunca ha llegado a cruzarse.
La réplica de Almodóvar no fue menos elocuente: si existe ese deseo, debería expresarse directamente. Una respuesta seca, casi práctica, que deja entrever la distancia —no necesariamente hostil, pero sí evidente— entre ambos universos creativos.
Y, sin embargo, el cine, caprichoso, ya los cruzó una vez. Fue en Tacones lejanos, donde un joven Segura aparecía como figurante en una escena protagonizada por Marisa Paredes. Lo que podría haber sido una anécdota menor se transformó, con el tiempo, en un recuerdo agridulce que el propio Segura relató con humor en Viajando con Chester.
Su historia, contada con esa capacidad suya para reírse de sí mismo, encierra también un instante revelador: relegado al fondo del plano “por antiestético”, según le transmitió el equipo de dirección, el entonces aspirante a actor vio cómo su entusiasmo chocaba con las lógicas —a veces implacables— del cine de autor. Apenas una cabeza visible en pantalla, pero suficiente para alimentar, años después, un relato que mezcla ironía, memoria y cierta melancolía.
Hoy, con Segura dominando la taquilla y Almodóvar manteniendo su prestigio internacional, aquella escena adquiere un matiz casi simbólico. Dos caminos que partieron de lugares muy distintos y que, aunque rara vez se crucen, siguen compartiendo espacio en ese territorio común que es la pantalla.

Si tengo que escoger entre los dos me quedo de todas, todas con Santiago Segura,... como cineasta y sobretodo como persona, tuve la ocasión de hablar largo y tendido con él, y es una persona muy agradable y simpática... y sobretodo muy terrenal.
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