LA ASISTENTA (2025)

 EL OJO CRITICO



LA ASISTENTA (2025)
REPARTO: SYDNEY SWEENEY, AMANDA SEYFRIED, BRANDON SKLENAR, MICHELE MORRONE, ELIZABETH PERKINS, MEGAN FERGUSON, ELLEN TAMAKI, INDIANA ELLE, IVAN AMARO BULLON, MAURY GINSBERG, DON DiPETTA
DIRECTOR: PAUL FEIG
MÚSICA: THEODORE SHAPIRO
PRODUCTORA: LIONSGATE
DURACIÓN: 131 min.
PAÍS: ESTADOS UNIDOS
El éxito editorial suele ser un faro demasiado brillante para la industria del cine. Cuando una novela conecta con millones de lectores, Hollywood tarda poco en seguir el rastro. Eso es exactamente lo que ha ocurrido con La asistenta, adaptación de la primera entrega de la trilogía escrita por Freida McFadden, una saga que en muy poco tiempo se convirtió en un fenómeno de ventas internacional. Resulta casi vertiginoso comprobar la rapidez con la que se han movido las piezas: los tres libros aparecieron prácticamente al mismo tiempo en 2023 y, apenas dos años después, ya existe su primera adaptación cinematográfica. Si esta funciona mínimamente en taquilla, parece difícil imaginar que las siguientes entregas no acaben también llegando a la pantalla.

La historia arranca con un planteamiento muy atractivo: una joven con un pasado complicado —una ex-reclusa que intenta rehacer su vida mientras la libertad condicional pende de un hilo— logra un empleo aparentemente perfecto en la mansión de una acomodada familia. Casa enorme, salario generoso y tareas domésticas que, sobre el papel, no deberían suponer demasiados problemas. Pero como ocurre en tantas historias ambientadas tras las puertas de una casa elegante, la calma es solo una fachada. A medida que la protagonista se instala en su nueva rutina, empiezan a aflorar tensiones, secretos enterrados y pequeños detalles inquietantes que convierten el hogar en un escenario de sospecha permanente.

La película intenta explorar ese desequilibrio de poder entre quienes sirven y quienes mandan, rozando también cuestiones de precariedad laboral y dependencia económica. El enfoque es contenido, casi minimalista, como si quisiera construir un drama íntimo apoyado en las miradas y en los silencios. Sin embargo, esa contención termina jugando en su contra. El guion plantea ideas interesantes pero rara vez las desarrolla con la profundidad necesaria, y algunas escenas parecen alargarse más de lo que la propia historia puede sostener. La sensación de reiteración aparece con frecuencia, como si la película estuviera dando vueltas sobre sí misma sin encontrar un verdadero impulso dramático.

Además, varios personajes secundarios quedan esbozados apenas en la superficie. Resulta llamativo porque, según quienes conocen la novela, el material literario ofrece más matices de los que finalmente aparecen en pantalla. El resultado es un relato que parece caminar hacia un gran clímax emocional… pero que termina resolviéndose de forma menos contundente de lo esperado. La dimensión social está ahí, pero se presenta de manera demasiado simplificada, casi subrayada, lo que resta fuerza a su potencial crítica.

Donde la película encuentra verdadero sostén es en sus intérpretes. Sydney Sweeney compone una protagonista muy apoyada en el gesto y en la mirada, transmitiendo tensión interior incluso cuando el guion no la acompaña del todo. Su presencia mantiene en pie buena parte del relato. Frente a ella, Amanda Seyfried afronta un personaje más delicado, siempre al borde de la caricatura. Hay momentos en los que parece que la interpretación puede deslizarse hacia la comedia involuntaria, pero logra sostener el equilibrio con cierta elegancia.

Por su parte, Brandon Sklenar completa el triángulo principal con un papel más funcional dentro de la trama.

El giro argumental final es probablemente el elemento más comentado de la película. No está mal construido, pero sí altera de forma notable el tono general del relato. Lo que comienza como un thriller doméstico termina deslizándose hacia un terreno cercano a la comedia negra, una transformación que llega casi sin que el espectador se dé cuenta… hasta que de pronto la película parece otra distinta.

En conjunto, La asistenta es una obra correcta que funciona mejor como curiosidad que como gran thriller psicológico. Tiene una premisa prometedora y un par de interpretaciones sólidas, pero su ambición temática y su desarrollo narrativo nunca terminan de encontrarse del todo. Y en ese punto intermedio —entre retrato social, suspense y sátira— la película se queda flotando sin decidir exactamente qué quiere ser. Como suele ocurrir, quien intenta abarcar demasiado acaba apretando menos de lo que debería.





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