HONEY DON’T! (2025)

 EL OJO CRITICO



HONEY DON’T! (2025)
REPARTO: MARGARET QUALLEY, AUBREY PLAZA, CHRIS EVANS, CHARLIE DAY, KRISTEN CONNOLLY, BILLY EICHNER, TALIA RYDER, GABBY BEANS, DON SWAYZE, LERA ABOVA, LENA HALL, JOSH PAFCHEK, CHRISTIAN ANTIDORMI
DIRECTOR: ETHAN COHEN
MÚSICA: CARTER BURWELL
PRODUCTORA: FOCUS FEATURES
DURACIÓN: 91 min.
PAÍS: ESTADOS UNIDOS, REINO UNIDO

Hay películas que no avanzan en línea recta, que prefieren demorarse en los márgenes y perderse en desvíos caprichosos. La última aventura en solitario de Ethan Coen, titulada Honey Don’t!, pertenece a esa estirpe. No persigue una meta dramática definida ni se obsesiona con cerrar su relato con precisión quirúrgica; se abandona, más bien, a una deriva juguetona donde lo trivial se mezcla con lo sustancial y donde la anécdota adquiere, por momentos, la misma importancia que el conflicto.

En ese territorio movedizo, la película encuentra su mejor baza en los personajes. Coen los observa con paciencia, los empuja a situaciones excéntricas y, aun así, consigue que respiren con una humanidad inesperada. Allí destaca la presencia de Chris Evans, cómodo en un registro irónico que combina desparpajo y vulnerabilidad, como si el actor entendiera que el verdadero centro de gravedad del film no está en la trama, sino en los gestos y en las pequeñas tensiones que surgen entre líneas.

La puesta en escena, en cambio, es de una claridad casi deslumbrante. Colores saturados, encuadres calculados, una iluminación que subraya el artificio: todo parece diseñado para recordarnos que estamos ante un espectáculo que no busca solemnidad, sino una experiencia sensorial. Esa insistencia en lo visual acaba sosteniendo el relato cuando la narración se dispersa, creando una hipnosis que remite, de algún modo, a la libertad narrativa de Once Upon a Time… in Hollywood de Quentin Tarantino, donde la atmósfera importa más que el destino de los personajes.

También late en la película una curiosidad persistente por el deseo, por el erotismo tratado con humor y desenfado. Coen se divierte con ello, aunque evita que el tono se deslice hacia la provocación vacía gracias a un guion que, pese a su aparente desorden, mantiene siempre un hilo emocional reconocible.

Quizá por eso Honey Don’t! resulta desconcertante y atractiva a la vez. No pretende ser una obra definitiva ni ofrecer respuestas categóricas; es, más bien, el gesto libre de un cineasta que se permite jugar con la forma, explorar el absurdo y abrazar la ligereza sin pedir disculpas. Y en esa libertad, en esa voluntad de filmar sin mapa, se adivina la alegría secreta de un autor que vuelve a sentir el cine como un terreno de juego.

Comentarios

  1. Cine negro del malo con toques de humor irónico, muy mal desarrollada y una historia que no resulta atrayente en ningún momentos. ¿Cuándo parara esta invasión con "romances" entre personas de un mismo sexo?. Hollywood y la cinematografía mundial tendrían que darse cuenta que este tipo de historias ya cansan. Por cierto, vomitiva la escena en el bar entre Aubrey Plaza y Margaret Qualley, tenía mas encanto la escena de Sylvia Kristel en el avión en la pelicula Emmanuelle.

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