FRED ASTAIRE Y GINGER ROGERS,... ¿Y LOS BESOS DE CINE QUE NUNCA SE DIERON?.

 FRED ASTAIRE Y GINGER ROGERS,... ¿Y LOS BESOS DE CINE QUE NUNCA SE DIERON?.

Durante décadas se repitió una curiosa idea en torno a la pareja de baile más célebre que ha dado Hollywood: que Fred Astaire y Ginger Rogers jamás se besaron en la pantalla. El mito resultaba casi perfecto para una pareja asociada a la elegancia, la corrección y la ligereza del gran musical clásico. Sin embargo, la realidad es más divertida: a lo largo de las diez películas que rodaron juntos, sí hubo besos. Pocos, discretos y siempre envueltos en el mismo refinamiento que definía sus coreografías, pero suficientes para desmontar la leyenda.

La historia del dúo comenzó en 1933 con Flying Down to Rio. Curiosamente, en aquella primera colaboración ninguno de los dos era protagonista, pero bastaron unos minutos de baile para que robaran el protagonismo a los actores principales. La química era evidente. Los ejecutivos de RKO Radio Pictures lo entendieron enseguida: allí había una mina de oro.

El estudio decidió apostar por ellos y pronto llegó The Gay Divorcee, su primer gran éxito como pareja protagonista. En esa comedia musical, nominada al Oscar a mejor película, apareció también uno de los primeros gestos románticos entre ambos: un tímido beso en la mejilla, tan contenido como exigían las normas de elegancia de la época.

Durante los años siguientes su fórmula se perfeccionó hasta convertirse en un pequeño milagro cinematográfico. En Top Hat, quizá la más célebre de todas sus colaboraciones, inmortalizaron el número “Cheek to Cheek”, con Rogers envuelta en un legendario vestido de plumas de avestruz. El momento es puro romanticismo visual… pero termina sin beso. Algo parecido ocurría en Roberta o en Follow the Fleet: abrazos, bailes y complicidad, pero siempre dentro de un romanticismo elegante y contenido.

No sería hasta Swing Time cuando la relación en pantalla se volvió un poco más atrevida. Allí el público ya podía intuir que el romance iba más allá de las piruetas, y la película terminaba con un beso que rompía suavemente la pureza casi ceremonial que había definido al dúo hasta entonces.

A finales de la década el tono empezó a madurar. Carefree jugaba incluso con el psicoanálisis en clave ligera, permitiendo a Rogers fantasear con su psiquiatra —interpretado por Astaire— en una escena donde el beso aparecía como culminación de la fantasía romántica. Y poco después, en The Story of Vernon and Irene Castle, ambos interpretaron por primera vez a un matrimonio real de bailarines, regalando uno de sus momentos más románticos en un delicado contraluz junto a una ventana.

La década terminó, el musical cambió con la llegada de la Segunda Guerra Mundial y sus caminos se separaron. Pero el reencuentro llegaría diez años más tarde con The Barkleys of Broadway, ya en Technicolor y bajo el sello de Metro-Goldwyn-Mayer. Allí interpretaron nuevamente a una pareja de artistas… y se permitieron incluso tres besos, casi como un guiño nostálgico al público que nunca dejó de asociarlos.

Después, Astaire bailaría con muchas otras estrellas —de Rita Hayworth a Cyd Charisse—, pero ninguna de esas asociaciones alcanzó la magia que surgía cuando Rogers aparecía en escena.

Porque lo que ellos crearon fue algo más que una pareja artística. Durante diez películas levantaron un universo propio: un mundo de salones brillantes, plumas de avestruz, elegancia imposible y música que parecía flotar en el aire. Un mundo donde el amor se insinuaba con un giro, un paso perfecto… y, de vez en cuando, también con un beso.



Comentarios

  1. Claro que se besaron, aunque en el recuerdo siempre han quedado sus escenas de baile.

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