EL SEGUIMIENTO DE LA GALA DE LOS OSCAR 2026 CAE UN 9% EN AUDIENCIA.
Hubo un tiempo en que los Premios Óscar eran algo más que una gala: eran un acontecimiento cultural capaz de detener la conversación global durante unas horas. Hoy, la imagen es distinta. Los 17,86 millones de espectadores que siguieron la 98.ª edición confirman una tendencia que ya no parece coyuntural, sino estructural: el progresivo desvanecimiento de su centralidad.
La caída respecto al año anterior no es solo una cuestión de cifras, sino de significado. En 2016, cerca de 35 millones de personas se reunían frente al televisor para ver quién se alzaba con la estatuilla. Ahora, esa comunidad se ha fragmentado, dispersa entre plataformas, redes sociales y hábitos de consumo cada vez más individualizados. La gala ya no es una cita obligada, sino un contenido más que puede consumirse —o ignorarse— a conveniencia.
Parte del problema reside en la desconexión entre los premios y el público. Durante décadas, los ganadores de Mejor Película eran títulos ampliamente vistos, compartidos, discutidos. Obras como Titanic, Forrest Gump o Gladiator formaban parte del imaginario colectivo antes incluso de subir al escenario. Hoy, en cambio, muchas de las películas premiadas viven en circuitos más reducidos. Nomadland o CODA han sido celebradas por la crítica, pero no han alcanzado esa dimensión popular que convertía a los Óscar en un reflejo —más o menos fiel— del gusto general.
A esta distancia se suma otra transformación: la del propio star system. La fascinación por las estrellas, que durante décadas sostuvo el espectáculo, ha mutado. Figuras como Robert Downey Jr., Tom Holland o Chris Evans dominan la cultura popular desde franquicias globales, pero su vínculo con los premios es más tangencial que esencial. El cine de superhéroes genera conversación masiva; los Óscar, cada vez menos.
Y, sin embargo, sería simplista hablar de decadencia sin matices. Lo que está en juego no es solo la audiencia de una gala, sino el lugar del cine en el ecosistema cultural contemporáneo. La posibilidad de ver los momentos clave al día siguiente en YouTube, la sobreabundancia de contenido y el cambio generacional han alterado la relación con el directo, con el evento compartido, con la idea misma de “acontecimiento”.
El cine no desaparece, pero ya no ocupa el mismo centro. Y los Óscar, que durante tanto tiempo fueron su espejo más visible, reflejan ahora una realidad más fragmentada, más difusa. Quizá el problema no sea que la gala haya perdido relevancia, sino que el mundo al que pertenecía ya no existe tal como lo recordamos.

No es de extrañar, alguien de verdad con las peliculas que van a concurso, de verdad los organizadores se creen que la gente tiene interés por ver que pelicula gana, cuando la gran mayoría de ellas no las han disfrutado en salas, y mas de una ha sido un sufrimiento llegar hasta el final, ya que son peliculas que no va dirigidas a la mayoría de los espectadores.
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