EL OJO CRITICO.
SIN CONEXION (2025)
REPARTO: WILL ARNETT, LAURA DERN, ANDRA DAY, CIARAN HINDS, AMY SEDARIS, SEAN HAYES, BRADLEY COOPER, CHRISTINE EBERSOLE, SWANMY SAMPAIO, SCOTT ICENOGLE, PEYTON MANNING, JORDAN JENSEN, GABE FAZIO
DIRECTOR: BRADLEY COOPER
MÚSICA: JAMES NEWBERRY
PRODUCTORA: SEARCHLIGHT PICTURES
DURACIÓN: 122 min.
PAÍS: ESTADOS UNIDOS
En su trayectoria como cineasta, Bradley Cooper parece avanzar menos por ruptura que por depuración. Cada película suya funciona como un eco de la anterior, como si estuviera afinando una misma obsesión desde distintos ángulos. En Sin conexión, ese proceso alcanza un punto de madurez curioso: no es tanto una obra que sorprenda por lo que cuenta, sino por cómo decide detenerse en lo esencial.
El
punto de partida —la vida cambiante de un hombre que pasa del
fútbol semiprofesional a las ventas y, finalmente, a la comedia—
podría sugerir un relato de ascenso o reinvención profesional. Sin
embargo, Cooper desplaza ese eje hacia un terreno más íntimo. Lo
verdaderamente importante no es el escenario laboral, sino el
desgaste emocional de una relación que se tambalea. En ese sentido,
la película dialoga, aunque sin la misma precisión quirúrgica, con
Historia de un matrimonio, especialmente a través de la presencia de
Laura Dern, cuya interpretación vuelve a funcionar como catalizador
emocional.
Pero donde aquella era incisiva y a ratos
devastadora, aquí el tono se inclina hacia una calidez más
complaciente. Los conflictos existen, sí, pero están suavizados por
una mirada que busca reconciliar antes que confrontar. Los diálogos,
menos afilados que los de Noah Baumbach, dejan espacio a una
exploración más abierta de la psicología de los personajes,
apoyada en gran medida por el trabajo de Will Arnett y la propia
Dern, quienes aportan matices y sostienen el peso emocional de la
historia.
En el fondo, la película se construye como una
reflexión amable sobre la identidad y el paso del tiempo. Cooper no
se interesa tanto por el éxito como por la posibilidad de cambiar,
de empezar de nuevo cuando todo parece ya definido. Hay en ello un
eco tanto de Ha nacido una estrella como de Maestro, pero despojado
del dramatismo más evidente. Aquí, el arte —y en particular el
humor— aparece como refugio, como una vía para recomponer lo que
la vida cotidiana va erosionando.
Sin grandes aspavientos,
Sin conexión termina abrazando esa tradición de cine estadounidense
que busca reconfortar sin renunciar del todo a la introspección. Una
película que no pretende reinventar el lenguaje, pero que sí
insiste, con serenidad, en una idea sencilla: siempre hay margen para
volver a encontrarse, con los demás y con uno mismo.


Una simple comedia romántica con dosis de drama, que sigue todos los parámetros del genero, la diferencia, es que en esta ocasión es un matrimonio en crisis recientemente separado. Bastante mediocre.
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