EL OJO CRITICO.
SEND HELP (ENVIAD AYUDA) (2026)
REPARTO: RACHEL McADAMS, DYLAN O’BRIEN, EDYLL ISMAIL, XAVIER SAMUEL, DENNIS HAYSBERT, BRUCE CAMPBELL, CHRIS PANG, THANETH WARAKULNUKROH, EMMA RAIMI
DIRECTOR: SAM RAIMI MÚSICA: DANNY ELFMAN PRODUCTORA: 20TH CENTURY STUDIOS DURACIÓN: 114 min.
Tras su paso por el engranaje superheroico con Doctor Strange en el multiverso de la locura, Sam Raimi se sacude parte de esas ataduras industriales con Send Help, una propuesta que, sin alcanzar grandes cotas, deja entrever el pulso gamberro y deslenguado que definió sus mejores años. Aquí hay menos solemnidad y más mala leche, más juego formal y un deseo evidente de divertirse tras la cámara, incluso cuando el material no siempre acompaña.
Porque si algo condiciona la película desde sus cimientos es un guion que nunca termina de encontrar su tono. Firmado por los responsables de Freddy contra Jason y Baywatch: Los vigilantes de la playa, el libreto apuesta por una caricatura constante que, lejos de afilar su sátira, la diluye en una reiteración algo cansina. Los personajes no evolucionan tanto como se subrayan, definidos con trazo grueso hasta el agotamiento, como si la película desconfiara de la inteligencia del espectador.
Sin embargo, Raimi encuentra resquicios donde colarse. Hay momentos —sobre todo cuando la acción genera consecuencias reales— en los que la película respira, se ordena y avanza con cierta soltura. El problema es que tarda en llegar ahí. Durante su primer tramo, la historia parece encallada en esa isla que debería funcionar como motor dramático, pero que inicialmente actúa más como espacio muerto que como catalizador narrativo. No es hasta que los giros toman forma cuando el conjunto empieza a sostenerse.
En ese terreno, la película funciona mejor como ejercicio de supervivencia con tintes de humor negro, en un curioso cruce entre Misery y Náufrago. Ahí, en ese híbrido algo improbable, es donde Send Help encuentra su identidad más clara. Menos eficaz resulta su intento de lectura social: la crítica al capitalismo aparece, pero lo hace de forma tan exagerada que pierde filo, convertida en una idea más sugerida que realmente explorada.
Tampoco ayuda un apartado técnico que cumple sin dejar huella. La dependencia de los efectos digitales se hace evidente en demasiadas ocasiones, restando textura a una propuesta que habría ganado con mayor fisicidad. La fotografía, por su parte, se limita a capturar la belleza evidente del entorno sin imprimir una mirada propia, funcionando más como soporte que como discurso visual.
Donde la película sí encuentra un anclaje firme es en Rachel McAdams. Su interpretación transita con soltura entre registros, dotando de matices a un personaje que, sobre el papel, parecía condenado a la unidimensionalidad. A su lado, Dylan O'Brien se mueve en un terreno más irregular, con momentos de exceso que, sin llegar a romper el conjunto, sí evidencian cierta falta de control.
Al final, Send Help se mueve en esa zona intermedia que define tantos regresos: no es un desastre, pero tampoco una reivindicación rotunda. Tiene más sombras que luces, sí, pero también destellos que invitan a pensar en un Raimi menos encorsetado, más cercano a su esencia. Una película que entretiene, que se deja ver, pero que también deja la sensación de oportunidad parcialmente desaprovechada.
Un retorno que promete más de lo que finalmente entrega, pero que, al menos, vuelve a respirar cierta libertad.


Comentarios
Publicar un comentario