EL OJO CRITICO. KEEPER (2025)

 EL OJO CRITICO.


KEEPER (2025)

REPARTO: TATIANA MASLANY, ROSSIF SUTHERLAND, KETT TURTON, ERIN BOYES, CLAIRE FRIESEN, LOGAN PIERCE, GLEN GORDON, GINA VULTAGGIO, ERIN TIPPLE

DIRECTOR: OSGOOD PERKINS 

MÚSICA: EDO VAN BREEMEN 

PRODUCTORA: RANGE MEDIA PARTNERS 

DURACIÓN: 98 min.

PAÍS: ESTADOS UNIDOS

Hay cineastas que avanzan a través de la duda, tanteando los límites de un género que rara vez ofrece certezas. Osgood Perkins pertenece a esa estirpe: irregular, sí, pero también profundamente coherente en su manera de entender el terror como una experiencia sensorial antes que narrativa. Tras el relativo desvío que supuso su anterior trabajo, Keeper (2025) se presenta como un regreso a su territorio más fértil: aquel donde la imagen pesa más que la palabra.

La película no oculta su condición de relato reconocible. Una pareja, un espacio aislado y una dinámica que pronto deja entrever grietas bajo la superficie. El libreto de Nick Lepard se mueve en terrenos familiares, especialmente en un tramo final que abraza el cliché con una convicción discutible. Sin embargo, reducir la propuesta a su argumento sería ignorar lo esencial: Keeper no se sostiene por lo que cuenta, sino por cómo lo cuenta.

Durante sus dos primeros actos, Perkins demuestra un dominio notable del tempo y la atmósfera. La amenaza no irrumpe, se filtra. Se instala en los silencios, en las miradas, en esa normalidad impostada que poco a poco se resquebraja. Cuando la narración alcanza su punto de inflexión, la película se transforma en un ejercicio de paranoia sostenida, donde cada espacio parece cargado de una intención invisible. Es ahí donde la interpretación de Tatiana Maslany adquiere todo su peso: contenida, precisa, alejándose del exceso para construir un descenso a la locura que se siente orgánico, casi inevitable.

Pero si algo define a Keeper es su puesta en escena. Perkins filma el vacío con una sensibilidad poco común, utilizando el espacio negativo y los planos prolongados como herramientas para generar inquietud. No hay prisa por asustar; hay, en cambio, una voluntad clara de incomodar. Incluso cuando recurre al jumpscare, lo hace desde la construcción previa, evitando el efectismo fácil. Aquí el susto no es un truco, sino una consecuencia.

En ese sentido, la película funciona como una depuración de estilo. Un recordatorio de que Perkins encuentra su mejor versión en el terreno de la tragedia contenida, donde el horror emerge más de lo sugerido que de lo explícito. Aun así, persiste una sensación de oportunidad perdida: con un guion más sólido, menos entregado a fórmulas conocidas, el resultado podría haber alcanzado una dimensión mayor.

Keeper (2025) no reinventa el género, pero sí reafirma a su director como un orfebre visual capaz de elevar materiales modestos. Y, quizá, deja una idea flotando en el aire: que el verdadero siguiente paso de Perkins no pasa por cambiar su mirada, sino por encontrar historias que estén a la altura de ella.





Comentarios

  1. Aburrida, claustrofóbica y solo al final se anima algo. De terror lo justo y poniendo bastante voluntad.

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