EL OJO CRITICO. ESA COSA CON ALAS (2025)

 EL OJO CRITICO



ESA COSA CON ALAS (2025)

REPARTO: BENEDICT CUMBERBATCH, RICHARD BOXALL, HENRY BOXALL, ERIC LAMPAERT, SAM SPRUELL, VINETTE ROBINSON, JESSIE CAVE, LEO BILL, PIERRE BERGMAN, TIM PLESTER, ADAM BASIL, GARRY COOPER, MAX PORTER

DIRECTOR: DYLAN SOUTHERN 

MÚSICA: ZABEDEE BUDWORTH 

PRODUCTORA: UNIVERSAL PICTURES 

DURACIÓN: 99 min.

PAÍS: REINO UNIDO, ESTADOS UNIDOS 

Hay un momento en el que el cine deja de sugerir y empieza a insistir. Ahí es donde Esa cosa con alas, dirigida por Dylan Southern, comienza a perderse. Lo que en un principio se intuye como una exploración íntima del duelo —un padre enfrentado a la muerte repentina de su esposa, atrapado en un hogar que ya no reconoce— deriva pronto en un ejercicio de subrayado constante, casi obsesivo, donde cada imagen parece obligada a explicarse a sí misma.

El film encuentra en Benedict Cumberbatch su principal sostén. Su interpretación, contenida pero siempre al borde del quiebre, introduce una humanidad que el relato, por momentos, parece empeñado en diluir. Hay verdad en su mirada, en ese tránsito entre la apatía y la furia, pero el guion lo arrastra hacia un terreno abstracto donde el personaje deja de ser un hombre para convertirse en vehículo de una idea.

Y esa idea, reiterada hasta el agotamiento, toma forma en la figura del cuervo. La criatura —metáfora evidente del trauma, la culpa y la memoria— pierde cualquier atisbo de misterio a medida que la película insiste en señalar su significado. No hay ambigüedad ni espacio para la interpretación: todo está dicho, remarcado, repetido. La propuesta, que aspiraba a moverse entre lo psicológico y lo fantástico, termina atrapada en una literalidad que asfixia.

Paradójicamente, es en lo sensorial donde la película roza algo más interesante. La fotografía construye un espacio cerrado, húmedo, casi irrespirable, donde la luz parece filtrarse con dificultad. El diseño sonoro —cargado de susurros, crujidos y graznidos— intenta sostener una tensión que la narración no siempre acompaña. Pero incluso estos elementos acaban cayendo en la reiteración: no evolucionan, no transforman el relato, simplemente lo rodean.

En contraste, las escenas con los niños introducen una fisura en esa rigidez. En su espontaneidad hay algo que escapa al control simbólico del film, una emoción que no necesita ser explicada. Son instantes breves, pero reveladores: sugieren una película distinta, más honesta, menos preocupada por construirse como alegoría.

Al final, Esa cosa con alas queda atrapada en su propio dispositivo. Quiere ser poética, pero se vuelve mecánica; aspira a lo perturbador, pero termina siendo previsible. Su mayor debilidad no es la falta de ideas, sino la incapacidad de confiar en ellas. Y así, lo que debía alzar el vuelo se queda suspendido, girando sobre sí mismo, sin encontrar nunca el aire necesario para sostenerse.



Comentarios

  1. La pelicula tiene un problema, que no sabe porque genero decantarse, empieza como un drama sobre como llevar el dolo, luego intenta ser una pelicula de terror y finalmente acaba siendo un drama de un adulto con el síndrome del amigo imaginario. Salvable por decir algo por el trabajo actoral de Benedict Cumberbatch.

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