EL OJO CRITICO
EL RETORNO DE PIGLET (2025)
REPARTO: ALEXANDER BUTLER, LAUREN STAERCK, ALINA DESMOND, SHAYLI REAGAN, JEREMY VINOGRADOV, VALERY DANKO, ALINA VARAKUTA, TYLER WINCHCOMBE
DIRECTOR: ANDREA M. CATINELLA
MÚSICA: JAMES ALLEN ROBERSON
PRODUCTORA: ITN STUDIOS
DURACIÓN: 80 min.
PAÍS: ESTADOS UNIDOS
Hay propuestas que nacen bajo la apariencia de fábula amable, pero esconden una pulsión mucho más incómoda. El retorno de Piglet (2025), dirigida por Andrea M. Catinella, juega precisamente en ese terreno ambiguo, donde lo aparentemente inocente se contamina de una oscuridad progresiva que termina por definir la experiencia.
La película toma como punto de partida un imaginario reconocible —el de la infancia, la ternura, los recuerdos deformados por el paso del tiempo— para retorcerlo hasta convertirlo en un relato de descomposición emocional. No se trata tanto de una historia de terror en sentido clásico como de una exploración del trauma y la memoria, donde lo simbólico pesa más que lo literal. En ese sentido, su mayor virtud es también su principal riesgo: no busca agradar, sino incomodar.
Narrativamente, el filme avanza con una cadencia irregular. Hay momentos de gran sugestión, donde el fuera de campo y la ambigüedad construyen una atmósfera densa y perturbadora, pero también tramos en los que la historia parece diluirse en su propia intención alegórica. El guion apuesta por la insinuación constante, evitando explicaciones cerradas, lo que puede resultar fascinante para algunos espectadores y frustrante para otros.
Visualmente, Catinella demuestra un instinto claro para la composición. La puesta en escena se apoya en espacios vacíos, encuadres asfixiantes y una paleta cromática que evoluciona a medida que el relato se vuelve más turbio. Hay una voluntad evidente de convertir cada plano en un estado emocional, más que en un mero vehículo narrativo. Esa coherencia estética sostiene incluso los momentos en los que el relato pierde fuerza.
El tratamiento del personaje de Piglet —reimaginado desde una perspectiva inquietante— funciona como eje simbólico de la película. No es tanto un personaje como una presencia, una idea que muta según el punto de vista y que encarna la fragilidad convertida en amenaza. Es una decisión arriesgada, pero coherente con el tono general de la obra.
El retorno de Piglet no es una película redonda, ni pretende serlo. Es, más bien, un ejercicio de estilo que prioriza la atmósfera sobre la claridad narrativa. Su impacto dependerá en gran medida de la disposición del espectador a dejarse llevar por una propuesta que rehúye lo evidente. Imperfecta, sí, pero con una identidad lo suficientemente marcada como para no pasar desapercibida.


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