EL DOCUMENTAL QUE HOMENAJEA LA FIGURA DE ALFREDO LANDA.

 EL DOCUMENTAL QUE HOMENAJEA LA FIGURA DE ALFREDO LANDA.

El nuevo documental Landa nace con la intención de recuperar la figura de uno de los actores más singulares y populares del cine español: Alfredo Landa. Sus responsables, Gracia Querejeta y Miguel Olid, han querido cubrir lo que consideran una ausencia sorprendente en la memoria audiovisual del país: la inexistencia de un retrato documental amplio sobre un intérprete cuya carrera llegó incluso a dar nombre a todo un fenómeno cultural, el llamado landismo.

El proyecto fue presentado en el Festival de Málaga, donde ambos cineastas explicaron que su propósito era construir un retrato a la altura de la complejidad del actor. No se trataba únicamente de repasar su trayectoria, sino de ofrecer una mirada capaz de perdurar en el tiempo, un trabajo que —según esperan— pueda seguir siendo relevante dentro de varias décadas.

La iniciativa partió originalmente de Miguel Olid. Mientras investigaba para su anterior documental, Summers, el rebelde, la figura de Landa apareció de manera recurrente en su trabajo. A partir de ahí comenzó a interesarse por la historia del actor y por el material que ofrecían sus propias memorias, el libro Alfredo el Grande, que sirvió como una de las bases del proyecto. Aquella investigación reveló algo llamativo: pese a su enorme presencia en el cine español durante décadas, nadie había realizado todavía un documental dedicado íntegramente a él.

Para Olid, la persona ideal para dirigirlo era Gracia Querejeta. Su vínculo indirecto con el actor aportaba una perspectiva particular: su padre, el productor Elías Querejeta, fue amigo de Alfredo Landa durante años. Ese contexto personal añadía una dimensión humana al retrato que el documental intenta construir.

La película arranca explorando el fenómeno del landismo, término que se popularizó para definir un tipo de comedia muy característico del cine español de los años sesenta y setenta. Según explica Querejeta, aquel género reflejaba una sociedad muy concreta y hoy resulta difícil de mirar sin distancia crítica. Era un cine profundamente marcado por los valores de su época, donde el humor se apoyaba a menudo en estereotipos que actualmente resultarían inaceptables. Precisamente por ello, el documental intenta abordar esa etapa con una mirada honesta: ni justificarla ni condenarla sin matices.

Olid señala que el objetivo ha sido ofrecer puntos de vista diversos sobre ese periodo, incluyendo testimonios comprensivos y también muy críticos, para que el espectador pueda formarse su propia opinión. El propio Landa, de hecho, se mostraba incómodo con el uso peyorativo del término landismo. Él defendía que aquellas películas respondían a lo que la sociedad de entonces demandaba, y que cambiar el contexto social implicaría inevitablemente la desaparición de ese tipo de cine.

El documental también recuerda cómo el actor se sentía a veces injustamente juzgado por esa etapa, ya que consideraba que las críticas se centraban únicamente en una parte de su carrera y olvidaban el contexto cultural del tardofranquismo, un periodo en el que muchas actitudes hoy impensables formaban parte de la vida cotidiana.

Uno de los momentos clave del relato es la aparición de El puente, dirigida por Juan Antonio Bardem. Aquella colaboración marcó un punto de inflexión en la trayectoria de Landa. Bardem, cineasta comprometido políticamente y recién salido de la cárcel de Carabanchel por su militancia en el PCE, representaba una visión del cine completamente distinta a la asociada al landismo. Sin embargo, decidió confiar en el actor, una decisión que acabaría transformando su carrera.

A partir de ese momento, Landa comenzó a explorar registros dramáticos mucho más complejos, demostrando una amplitud interpretativa que sorprendió incluso a quienes lo identificaban únicamente con la comedia popular. Para Querejeta, ahí reside precisamente su grandeza: la capacidad de moverse entre personajes radicalmente distintos, desde figuras cómicas hasta retratos profundamente humanos como el inolvidable Paco el Bajo de Los santos inocentes, o el protagonista de la popular comedia No desearás al vecino del quinto.

El documental también recupera el contexto personal del actor y su relación con el entorno de los Querejeta en los años sesenta, cuando la familia se trasladó desde San Sebastián a un Madrid gris y difícil, donde muchos jóvenes cineastas trataban de abrirse camino. Según recuerda la directora, Alfredo Landa era uno de los amigos que acompañaron a sus padres en aquella etapa complicada.

Las propias memorias del actor ocupan un lugar importante dentro del documental. Cuando se publicaron, generaron cierta polémica por la franqueza con la que Landa hablaba de algunos compañeros de profesión. Los cineastas han querido incluir esas voces y debates dentro de la película, presentando diferentes interpretaciones sobre aquella sinceridad que tanto dio que hablar.

El retrato se completa con testimonios de intérpretes que compartieron generación con él, como José Sacristán, Antonio Resines o Miguel Rellán. También han participado sus hijos, Idoia y Alfredo, que desde el principio se implicaron en el proyecto y ofrecieron su colaboración a los directores.

Aunque el resultado final incluye perspectivas diversas que quizá no coinciden plenamente con la visión familiar, los hijos del actor han mostrado respeto por el trabajo realizado. Para los directores, esa confianza fue fundamental para poder construir un retrato complejo, honesto y abierto al debate sobre una figura esencial de la historia del cine español.



Comentarios