EL CINE ESPAÑOL APUESTA POR EL CINE RELIGIOSO CON LA OPERA PRIMA DE PEDRO DIAZ.

 EL CINE ESPAÑOL APUESTA DE NUEVO POR EL CINE RELIGIOSO CON LA OPERA PRIMA DE PEDRO DIAZ.

Hay proyectos que nacen desde la intuición de que lo íntimo puede ser también territorio de ruptura. Serenade, un Dios que no baila, el debut en el largometraje de Pedro Díaz, parece moverse precisamente en ese lugar: donde la tradición pesa, pero también empieza a resquebrajarse.

Con María Vázquez y Bruna Cusí al frente, la película sitúa su mirada en tres mujeres atravesadas por la fe, la pérdida y la herencia emocional. Ambientada en los años noventa y rodada en Galicia, la historia parte de un gesto aparentemente sencillo —cumplir el último deseo de una madre antes de morir— para abrir una grieta más profunda: la de los vínculos familiares cuando estos se sostienen más por obligación que por convicción.

El personaje de Vázquez encarna esa tensión con claridad: una mujer que avanza entre el deber y el desgaste, intentando mantener en pie un relato familiar que quizá ya no se sostiene. En ese trayecto irrumpe la figura de una joven monja, interpretada por Cusí, cuya presencia introduce una inquietud soterrada. No es tanto lo que dice como lo que sugiere: un pasado que incomoda, una identidad que no termina de encajar en el espacio que habita.

Díaz define la película como un viaje “de fuera hacia dentro”, y esa idea parece impregnar su propuesta: despojar a los personajes de capas heredadas para obligarlos a enfrentarse a lo que realmente son. La culpa, la fe y la necesidad de pertenecer se entrelazan en un relato que apunta más a lo emocional que a lo doctrinal.

En ese paisaje, la música de Dover no funciona como simple acompañamiento, sino como un pulso generacional. El eco de su álbum Serenade —que celebra su 30 aniversario— introduce una energía que contrasta con el peso de la tradición religiosa, como si dos formas de entender el mundo convivieran en constante fricción.

Producida entre España y Portugal, con el respaldo de RTVE y Movistar+, la película se perfila como una de esas propuestas que buscan dialogar con lo conocido desde un ángulo incómodo. No tanto para romperlo todo, sino para preguntarse qué queda cuando ya no se puede seguir creyendo de la misma manera.

Quizá ahí resida su mayor interés: en esa tentativa de reconciliar lo heredado con lo que inevitablemente cambia, como una melodía que suena familiar pero ya no se escucha igual.





Comentarios

  1. Puede que ahora con el éxito de "Los domingos" en los Goya, no se como habrá funcionado en taquilla, al cine le de por hacer peliculas mas o menos religiosas. Habrá que ir esperando acontecimientos.

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