EL CINE DE LOS AÑOS 70.
SECUESTRO DE UNA MUJER (1973)
REPARTO: HENRY SILVA, RICHARD CONTE, GIANNI GARKO, ANTONIA SANTILLI, HOWARD ROSS, CORRADO GAIPA, MARINO MASÉ, CLAUDIO NICASTRO, GIANNY MUSY, MARIO PISU, VITTORIO CAPRIOLI, PIER PAOLO CAPPONI, ANDREA AURELI
DIRECTOR: FERNANDO DI LEO
MÚSICA: LUIS BACALOV
PRODUCTORA: DAUNIA FILM
DURACIÓN: 105 min.
PAÍS: ITALIA
Si las familias mafiosas funcionaran como empresas convencionales, probablemente hablaríamos de ajustes de plantilla, fusiones, adquisiciones o incluso OPAs hostiles. La diferencia es que, en el universo del crimen organizado, esas reestructuraciones suelen ejecutarse de manera mucho más expeditiva. En Secuestro de una mujer, la cosa empieza literalmente a golpe de lanzagranadas. El responsable de esa primera demostración de “gestión empresarial” es Lanzetta, un implacable sicario interpretado por Henry Silva, que abre la película arrasando con la banda rival sin demasiados miramientos.Ese arranque marca el tono de lo que viene después: una sucesión de ajustes de cuentas que incluyen tiroteos, explosiones, traiciones y toda clase de represalias entre clanes mafiosos. En medio del caos aparece el secuestro de la hija de uno de los capos, una joven tan problemática como carismática: ninfómana, aficionada al alcohol y a la fiesta, pero dotada de una extraña simpatía que la convierte en uno de los elementos más peculiares de la historia.
Como suele ocurrir en este tipo de relatos, tampoco faltan las inevitables conexiones entre el crimen organizado y las altas esferas del poder. Políticos corruptos, policías en nómina de la mafia y una sociedad donde la frontera entre legalidad e ilegalidad se vuelve cada vez más difusa. El comentario social —casi siempre puesto en boca del típico comisario desencantado, cínico pero incorruptible— aporta un matiz crítico que, sin embargo, nunca ralentiza el ritmo del espectáculo. Al contrario: la narración avanza a toda velocidad entre masacres, persecuciones y escaramuzas, acompañadas por la música psicodélica de Luis Bacalov, compositor habitual del cine policiaco italiano de la época.
Porque, por encima de todo, Secuestro de una mujer es una película de acción pura. Ágil, violenta, excesiva y siempre en movimiento, mantiene el pulso narrativo sin apenas tregua. Quizá su estética resulte menos “moderna” que la de otros trabajos de Fernando Di Leo dentro del mismo género, pero precisamente por ello el paso del tiempo la ha tratado con cierta benevolencia.
En cuanto al reparto, Richard Conte parece tomarse el papel con una relajación casi vacacional, aunque su presencia resulta perfecta para dar vida al capo mafioso astuto y manipulador. Silva, por su parte, aporta su habitual hieratismo: un matón seco, duro como el terrazo y con una frialdad que apenas deja espacio para la emoción. No será el actor más expresivo del mundo, pero su presencia física encaja como un guante en este tipo de personajes.
Mención aparte merece una subtrama romántica tan extravagante que por momentos parece rozar la parodia. Ese extraño romance entre delincuente y joven descarriada recuerda —aunque de forma mucho más delirante— a ciertos melodramas criminales del cine negro francés de los años sesenta.
Dentro de la llamada trilogía criminal de Di Leo, la película se sitúa con bastante dignidad. Puede que no alcance el impacto final de Milán calibre 9, pero resulta, al menos, tan disfrutable como aquella y probablemente superior a Nuestro hombre en Milán.
En definitiva, una pieza imprescindible para quienes disfrutan del thriller italiano de los años setenta y una recomendación muy sólida para cualquier aficionado al cine policiaco o de acción. Un ejemplo perfecto de ese cine directo, violento y exuberante que convirtió al poliziottesco en una de las corrientes más fascinantes del cine europeo de su tiempo. 🎬


Un buen film de mafiosos que hay que verlo, es totalmente reivindicable, una historia atractiva, violencia y con algunos giros argumentales muy acertados.
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