EL CINE DE LOS AÑOS 70. SCORPIO (1973)

 EL CINE DE LOS AÑOS 70.



SCORPIO (1973)

REPARTO: BURT LANCASTER, ALAIN DELON, PAUL SCOFIELD, JOHN COLICOS, GAYLE HUNNICUTT, J.D. CANNON, JACK COLVIN, JAMES B. SIKKING, JOANNE LINVILLE, WILLIAM SMITHERS, MEL STEWART, VLADEK SHEYBAL, MARY MAUDE,

DIRECTOR: MICHAEL WINNER 

MÚSICA: JERRY FIELDING 

PRODUCTORA: UNITED ARTISTS 

DURACIÓN: 115 min.

PAÍS: ESTADOS UNIDOS

Vista hoy, Scorpio funciona casi como una cápsula del tiempo. Es una de esas películas de espías que arrastran consigo el encanto de un cine ya desaparecido y, al mismo tiempo, de un mundo que también dejó de existir: el universo bipolar de la Guerra Fría. En ese sentido, su valor es casi arqueológico. Más que por sus virtudes cinematográficas, interesa como testimonio de una época cuyo clima político y moral hoy sólo se puede reconstruir a través de los libros de historia.

Esto no significa que la película haya envejecido con demasiada elegancia. Como muchas producciones profundamente ligadas a la actualidad de su momento, el paso del tiempo ha dejado al descubierto ciertos manierismos formales que hoy resultan inevitablemente anacrónicos. El abuso del zoom, los primerísimos planos lanzados sin demasiada justificación y cierta estética nerviosa muy propia de los años setenta terminan por delatarla. Pero esa misma pátina de época es también parte de su atractivo: el de una reliquia que conserva intacta la textura de su tiempo.

Tampoco todo es polvo de museo. La película posee algunos elementos que la hacen especialmente disfrutable. Entre ellos, los escenarios europeos que atraviesan la narración —con ciudades como París o Viena—, capturados con una fotogenia que refuerza el aire cosmopolita propio del género. A ello se suma la inevitable trama enrevesada que caracteriza a este tipo de historias de espionaje, donde perder el hilo en algún momento no sólo es frecuente, sino casi parte del ritual del visionado.

Hay, además, dos rasgos que diferencian a Scorpio de otras películas similares. El primero es la ambigüedad moral de sus personajes. Aquí no existen héroes inmaculados ni villanos absolutos. La frontera entre unos y otros se difumina hasta el punto de que el relato parece prescindir deliberadamente de categorías morales claras, un matiz interesante dentro de un género que durante años se alimentó de oposiciones tajantes.

El segundo gran atractivo es su reparto. Sobre el papel, la reunión de Burt Lancaster y Alain Delon promete un duelo interpretativo de alto voltaje. En la práctica, sin embargo, sus carismas no terminan de encajar del todo. Sus presencias chocan más que dialogan, como si pertenecieran a universos interpretativos distintos. Por utilizar una metáfora apropiada para el contexto político de la película, la complicidad entre ambos recuerda más a la improbable conversación entre un ayatolá y un rabino ultraortodoxo que a una auténtica alianza.

Eso no impide que cada uno, a su manera, se adueñe de la pantalla cuando aparece en ella. Lancaster con su contundencia física y su magnetismo clásico; Delon con esa elegancia fría y distante que convirtió en una de sus señas de identidad.

Curiosamente, la química más natural surge cuando Lancaster comparte escena con Paul Scofield. Ambos —a quienes el propio Lancaster definía con humor como “viejos dinosaurios”— protagonizan una magnífica conversación regada con varias botellas de alcohol en la que reflexionan sobre el comunismo, su viabilidad teórica y la distorsión que supuso el estalinismo. Es un momento casi suspendido dentro de la narración, una pausa que condensa buena parte de las tensiones ideológicas de la época.

Sólo por esa escena, Scorpio ya merece una revisión. Quizá no sea una gran película en términos estrictamente cinematográficos, pero sí un curioso objeto de excavación cultural. Una pieza de arqueología fílmica que permite asomarse, aunque sea por un momento, al clima mental de un mundo que ya no existe. 🎬



Comentarios

  1. Brillante thriller que ofrece la otra cara del cine de espionaje. Vibrante, con buenas escenas tanto de accion como dramáticas y con unos actores que están bien en sus respectivos papeles.

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