EL CINE DE LOS AÑOS 70.
SAN FRANCISCO, CIUDAD DESNUDA (1973)
REPARTO: WALTER MATTHAU, BRUCE DERN, LOUIS GOSSETT JR., ALBERT PAULSEN, ANTHONY ZERBE, VAL AVERY, JOANNA CASSIDY, CATHY LEE CROSBY, PAUL KOSLO, CLIFTON JAMES, GREGORY SIERRA, MATT CLARK, MARIO GALLO
DIRECTOR: STUART ROSENBERG
MÚSICA: CHARLES FOX
PRODUCTORA: 20TH CENTURY FOX
DURACIÓN: 112 min.
PAÍS: ESTADOS UNIDOS
El apodo de San Francisco como Babylon-by-the-Bay —esa “Babilonia junto a la bahía” asociada durante décadas a una ciudad abierta, licenciosa y desprejuiciada— encuentra en El policía y el asesino (The Laughing Policeman) una ilustración particularmente elocuente. La película, sin embargo, no se acerca a ese imaginario con complacencia. No hay aquí fascinación por el exceso ni una celebración de la libertad sin límites. Por el contrario, el filme se empeña en recorrer los márgenes más sombríos de ese paisaje urbano, poblando su relato de personajes ambiguos, cuando no directamente desagradables.
Más que limitarse a narrar la investigación de un crimen concreto —la masacre ocurrida en un autobús urbano—, la película aspira a algo más amplio: levantar un retrato en negro de una ciudad que, en el imaginario colectivo, suele asociarse a valores mucho más luminosos. La contracultura, el espíritu universitario de Berkeley, el auge del movimiento hippie o la liberación sexual forman parte del telón de fondo simbólico de la época. Sin embargo, el film sugiere que bajo esa superficie idealizada existe una trastienda mucho menos agradable, recordándonos que toda sociedad —incluso la que presume de apertura— guarda rincones turbios.
Este enfoque conecta de manera directa con el espíritu de la novela en la que se basa la película, escrita por los autores suecos Maj Sjöwall y Per Wahlöö. Ambos construyeron una influyente serie de relatos policiacos cuyo objetivo era examinar los aspectos más incómodos de la sociedad sueca contemporánea. Resulta interesante observar el juego de influencias que se produce aquí: dos escritores escandinavos adoptan la tradición de la novela negra —un género profundamente ligado a Estados Unidos y a figuras como Dashiell Hammett, Raymond Chandler o David Goodis— para cuestionar su propia realidad social. Posteriormente, el cine estadounidense vuelve a apropiarse de esa mirada, adaptando la obra de estos mismos autores para elaborar un relato policial con ambiciones críticas.
Ese curioso ir y venir de influencias no es, en realidad, algo excepcional. El cine ha vivido siempre de estas corrientes cruzadas: baste pensar en cómo el western influyó en la mirada de Akira Kurosawa sobre el mundo de los samuráis, para regresar después a Occidente transformado en los spaghetti-westerns italianos.
En lo estrictamente cinematográfico, la película destaca por un arranque extraordinario. La secuencia que reconstruye el crimen del autobús está narrada con un montaje de gran precisión, atento a cada gesto y a cada detalle, donde los diálogos se reducen al mínimo y la tensión se construye a partir de la pura observación visual. Es un comienzo que atrapa de inmediato.
Después de ese prólogo tan potente, el relato se apoya más claramente en el guion y en la construcción de los personajes. La investigación queda en manos de una pareja de detectives cuya dinámica responde al clásico contraste del género, interpretados con gran solidez por Walter Matthau y Bruce Dern. A su alrededor gravita una galería de secundarios especialmente significativa: figuras que enriquecen el retrato social de la ciudad, marcada por la apariencia, la sordidez y las zonas grises de la moral cotidiana.
Otro de los aciertos del film reside en su voluntad de reproducir un lenguaje callejero creíble, que aporta una notable sensación de autenticidad. Muchas de las escenas ambientadas en bares y garitos de la ciudad se benefician de ese oído atento al habla cotidiana, contribuyendo a reforzar la atmósfera realista del conjunto.
Es cierto que en su tramo final la película pierde algo de la intensidad inicial y el desarrollo de la investigación se vuelve más convencional. Aun así, sigue siendo un policiaco setentero muy estimable, hoy algo olvidado pese a sus virtudes. Un film que quizá no alcance la categoría de clásico, pero que merece sin duda una revisión, tanto por su mirada crítica sobre la sociedad como por la solidez de su propuesta narrativa. 🎬


Buen thriller donde Walter Matthau saca sus aptitudes para el thriller; es un film en que los actores en determinados aspectos no dicen las cosas abiertamente, son cosas que nosotros por una serie de detalles vamos deduciendo, sobretodo en lo que respecta a la vida personal de los protagonistas.
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