EL CINE DE LOS AÑOS 70.
NADIE OYÓ GRITAR (1973)
REPARTO: CARMEN SEVILLA, VICENTE PARRA, MARIA ASQUERINO, ANTONIO CASAS, GOYO LEBRERO, TONY ISBERT, ANTONIO DEL REAL, FELIPE SOLANO, RAMON LILLO, ELOY DE LA IGLESIA
DIRECTOR: ELOY DE LA IGLESIA
MÚSICA: FERNANDO GARCIA MORCILLO
PRODUCTORA: PRODUCCIONES BENITO PEROJO
DURACIÓN: 88 min.
PAÍS: ESPAÑA
Tras haber explorado los territorios más oscuros del thriller con La semana del asesino, el director Eloy de la Iglesia volvió a adentrarse en un terreno cercano al del psicothriller con Nadie oyó gritar. La película recupera como protagonista a Vicente Parra y propone una historia marcada por la tensión moral, el miedo y las relaciones de poder entre víctima y verdugo.
El punto de partida es inquietante y directo: una mujer presencia accidentalmente un asesinato y, lejos de poder denunciarlo, queda atrapada en la órbita del propio criminal. A partir de ahí se desarrolla un juego psicológico que mezcla suspense, manipulación y dependencia emocional. La narración arranca con una breve introducción ambientada en Londres, tras la cual la trama se desplaza hacia un escenario donde la protagonista queda cada vez más aislada, dominada por la amenaza constante de quien conoce su secreto.
Junto a Parra, el reparto cuenta con la presencia de Carmen Sevilla en uno de los papeles más inusuales de su carrera, alejándose de la imagen luminosa que había definido gran parte de su trayectoria. A su lado aparece también María Asquerino, cuya presencia aporta un tono inquietante y ambiguo que encaja perfectamente con la atmósfera turbia del relato.
La película arranca con una primera mitad muy intensa, donde el suspense domina claramente el ritmo del relato. Más adelante, el guion se detiene con mayor atención en el componente dramático y psicológico de los personajes. Este cambio puede hacer que la tensión disminuya momentáneamente, pero el director logra recuperar el pulso en el tramo final, reservando además un giro que reinterpreta las pistas que el espectador ha ido recogiendo durante la historia. Eloy de la Iglesia juega con la percepción del público: sugiere una explicación aparente para el misterio mientras, en realidad, está ocultando el verdadero enigma.
Más allá de la intriga, la película resulta especialmente interesante por su mirada social. En una España todavía marcada por los últimos años del franquismo, el film retrata una sociedad donde las relaciones entre hombres y mujeres están profundamente condicionadas por roles de poder. Lo curioso es que el director introduce un juego de dominación y vulnerabilidad que no afecta solo a la mujer: algunos personajes masculinos también aparecen convertidos en objetos de deseo o manipulación, desdibujando las jerarquías habituales.
Desde el punto de vista visual, la propuesta también sorprende por su modernidad. Eloy de la Iglesia experimenta con encuadres, desenfoques y composiciones donde objetos transparentes —copas, gafas o cristales— se interponen entre la cámara y los actores, generando una sensación de distorsión que parece reflejar el clima moral de la época. Además, muchos planos presentan una cuidada armonía cromática entre vestuario y decorados que recuerda, en ciertos momentos, a la estética del Pop Art.
Sin grandes alardes presupuestarios, pero con un guion sólido y una puesta en escena muy consciente de sus recursos, Nadie oyó gritar termina siendo un thriller inquietante y sorprendentemente moderno. Tal vez no sea la obra más célebre de Eloy de la Iglesia dentro del género, pero sí una de las más elaboradas desde el punto de vista visual y artístico, una película que revela hasta qué punto el cine español de aquellos años era más diverso y audaz de lo que a menudo se recuerda.


Pelicula muy floja y muy mal rodada; tampoco destaca para nada la pareja protagonista y totalmente desaprovechada Maria Asquerino. Intenta ser una especie de giallo pero sin el factor sorpresa de estos. Al final queda en un descafeinado thriller.
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