EL CINE DE LOS AÑOS 70. LOS RITOS SATÁNICOS DE DRACULA (1973)

 EL CINE DE LOS AÑOS 70.



LOS RITOS SATÁNICOS DE DRACULA (1973)
REPARTO: CHRISTOPHER LEE, PETER CUSHING, MICHAEL COLES, FREDDIE JONES, WILLIAM FRANKLYN, JOANNA LUMLEY, RICHARD VERNON, BARBARA YU LING, PATRICK BARR, RICHARD MATTHEWS, LOCKWOOD WEST, VALERIE VAN OST
DIRECTOR: ALAN GIBSON
MÚSICA: JOHN CACAVAS
PRODUCTORA: HAMMER PRODUCTIONS
DURACIÓN: 87 min.
PAÍS: REINO UNIDO
Con The Satanic Rites of Dracula, la mítica Hammer Film Productions firmó su última incursión en el universo del conde, y el resultado fue, más que una despedida digna, un epílogo desvaído que parecía anunciar el agotamiento de toda una era del terror británico. La película intenta modernizar el mito trasladándolo al Londres contemporáneo, como ya había hecho Dracula A.D. 1972, pero esta vez la operación resulta aún más forzada, casi caricaturesca.

El arranque, con su conspiración satánica en las altas esferas, promete una deriva inquietante, cercana al thriller conspirativo. Sin embargo, pronto el relato se diluye en una sucesión de ideas mal ensambladas: motoristas que escoltan al vampiro como si fueran extras de espionaje pop, policías desorientados, erotismo tímido y un Drácula convertido en magnate empresarial, concepto que podría haber sido audaz pero aquí roza lo absurdo.

La reunión de dos iconos como Christopher Lee y Peter Cushing debería haber sido un acontecimiento, pero el guion les deja sin espacio para desplegar su magnetismo. Lee aparece poco y sin la presencia majestuosa de otras entregas; Cushing, profesional impecable, intenta sostener el relato con su Van Helsing cansado, casi resignado ante el material que debe defender.

Lo más grave no es la incoherencia narrativa, sino la ausencia de atmósfera. La Hammer había brillado por su capacidad de fundir erotismo, romanticismo oscuro y terror gótico en un mismo aliento. Aquí, en cambio, el horror se evapora. Ni miedo, ni ironía, ni fascinación. Solo un desfile de modas setenteras que envejecen mal y que despojan a Drácula de su dimensión trágica.

El final llega sin emoción, como una puerta que se cierra sin ceremonia. Y duele, porque detrás de sus errores late el recuerdo de un cine que marcó a generaciones. Drácula merecía una despedida con sombras, castillos y sangre elegante, no este experimento confuso que suena más a despedida industrial que a mito eterno.





Comentarios

  1. La idea de trasladar a Dracula a los tiempos contemporáneos es acertada, como es acertada el convertirlo en un enigmático magnate, hay "cosillas" de la pelicula que están hoy día de actualidad, no tanto en los medios informativos, pero si en teorías conspiratorios con determinados grupos, masonería y otros grupos donde están metidos miembros de la realeza europea.

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