EL CINE DE LOS AÑOS 70. LOS OJOS AZULES DE LA MUÑECA ROTA (1973)

 EL CINE DE LOS AÑOS 70.



LOS OJOS AZULES DE LA MUÑECA ROTA (1973)
REPARTO: PAUL NASCHY, MARIA PERSCHY, DIANA LORYS, ANTONIO PICA, LUIS CIGES, PILAR BARDEM, EVA LEON, EDUARDO CALVO, INES MORALES, SANDRA MOZAROWSKI
DIRECTOR: CARLOS AURED
MÚSICA: JUAN CARLOS CALDERON
PRODUCTORA: HISPAMEX FILMS
DURACIÓN: 89 min.
PAÍS: ESPAÑA
Si algo tenía el cine de Jacinto Molina era su capacidad para lanzarse al exceso sin red y sin vergüenza, con una convicción casi quijotesca. En esta historia —un cuento oscuro con aroma de giallo trasplantado a una Francia imaginaria rodada en la sierra madrileña— el actor y guionista construye un laberinto de mujeres neuróticas, secretos familiares y un jardinero misterioso que llega como catalizador de todos los desvaríos. La premisa es delirante, sí, pero también profundamente representativa de ese fantástico español setentero que mezclaba ambición, precariedad y una imaginación desbordada.

Durante su primera mitad, la película parece una versión castiza de El seductor, con Molina ejerciendo de seductor silencioso entre damas perturbadas, partiendo leña con torso heroico y mirada de galán atormentado. Pero el relato pronto se descose y se transforma en un torbellino de pistas falsas, hipnosis, sangre y giros imposibles, como si el propio director se dejara arrastrar por la lógica febril de sus pesadillas. Cuando eso ocurre, el film alcanza su verdadera personalidad: un caos fascinante, torpe y audaz al mismo tiempo.

Hay detalles estimables. La atmósfera tenebrista, heredera del giallo italiano, logra momentos inquietantes; la lencería violeta de Eva León queda grabada como icono pop de la función; y la convicción de Molina, lejos de la ironía, mantiene el barco a flote incluso cuando el guion amenaza naufragio. Menos fortuna tiene la banda sonora de Juan Carlos Calderón, omnipresente hasta el agotamiento, como si quisiera subrayar cada gesto y terminara convirtiéndose en ruido más que en música.

El resultado es irregular, incluso desaliñado, pero imposible de ignorar. Porque el cine de Naschy —con sus escenarios improvisados, su estética híbrida y su voluntad de espectáculo— posee algo que hoy escasea: personalidad. Puede que la película no alcance la categoría de obra redonda, pero como ejemplo de un tiempo en que el fantástico español soñaba sin complejos, merece ser revisitada. Entre sus tropiezos y sus aciertos, late la pasión de un cineasta.




Comentarios

  1. La pelicula empieza bien, pero la parte final la encuentro que se va de madre, y con una resolución muy poco convincente. De todas formas es distraida.

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