EL CINE DE LOS AÑOS 70.
LOS IMPLACABLES, PATRULLA ESPECIAL (1973)
REPARTO: ROY SCHEIDER, TONY LO BIANCO, RICHARD LYNCH, VICTOR ARNOLD, KEN KERCHEVAL, LARRY HAINES, BILL HICKMAN, LOU POLAN, JERRY LEON, JOE SPINELL, MARY MULTARI, ED JORDAN, MATT RUSSO
DIRECTOR: PHILIP D’ANTONI
MÚSICA: DON ELLIS
PRODUCTORA: 20TH CENTURY FOX
DURACIÓN: 103 min.
PAÍS: ESTADOS UNIDOS
Resulta llamativo que The Seven-Ups —conocida en España como Los implacables, patrulla especial— permanezca hoy en una penumbra crítica que no se corresponde con su valor histórico. Quizá no posea la densidad dramática de The French Connection ni la iconografía mítica de Bullitt, pero sí comparte con ellas una pulsión auténtica: la del thriller urbano de los setenta filmado con nervio, sudor y asfalto real.
Para Philip D'Antoni, productor de aquellas dos obras esenciales, dar el salto a la dirección en 1973 parecía casi un movimiento natural. Si en Bullitt la historia quedaba eclipsada por la legendaria persecución entre el Mustang y el Charger, y en The French Connection la intensidad del relato y el duelo interpretativo marcaban el tono, aquí D’Antoni intenta sintetizar ambas vertientes: trama criminal y espectáculo automovilístico.
La película recupera a Roy Scheider y Tony Lo Bianco, y vuelve a sumergirse en una Nueva York áspera, casi documental. Sindicatos del crimen, secuestros y lealtades quebradas dibujan un relato quizá menos magnético que su predecesora espiritual, pero coherente con el desencanto moral de la época. La música de Don Ellis, vibrante y eléctrica, refuerza esa sensación de inmediatez setentera.
Sin embargo, es en su persecución central donde la película reclama su lugar en la historia. Durante cerca de diez minutos, un Pontiac Grand Ville y un Ventura surcan las calles de Nueva York en una coreografía brutal, rodada a lo largo de cuatro semanas y ejecutada en muchas ocasiones a una sola toma. No hay artificio digital ni montaje epiléptico: hay tráfico real, derrapes, riesgo palpable. Al volante aparece Bill Hickman, inolvidable por su participación en Bullitt, aquí de nuevo demostrando que la fisicidad del cine de acción clásico tenía nombre propio.
Vista hoy, The Seven-Ups es un testimonio de un tiempo en que el thriller se construía desde la calle y no desde el ordenador. Puede que no alcance la categoría mítica de sus hermanas mayores, pero su secuencia automovilística y su crudeza urbana bastan para reivindicarla. Redescubrirla es completar un tríptico esencial del policíaco setentero y recordar que, antes de los efectos digitales, el peligro tenía ruedas y se filmaba sin red.


Un excelente thriller muy de los setenta, donde hay persecuciones de autos, tiroteos, investigación, todo muy bien construido e interpretado por parte de Roy Scheider y de Tony Lo Bianco.
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