EL CINE DE LOS AÑOS 70.
LAS LOCAS AVENTURAS DE RABBI JACOB (1973)
REPARTO: LOUIS DE FUNES, SUZY DELAIR, MARCEL DALIO, CLAUDE GIRAUD, RENZO MONTAGNANI, MIOU-MIOU, CLAUDE PIEPLU, XAVIER GELIN, HENRI GUYBET, POPECK, JACQUES FRANÇOIS, GERARD DARMON
DIRECTOR: GERARD OURY
MÚSICA: VLADIMIR COSMA
PRODUCTORA: HORSE FILM
DURACIÓN: 95 min.
PAÍS: FRANCIA
Estrenada en 1973 y dirigida por Gérard Oury, Las locas aventuras de Rabbi Jacob es una de esas comedias que parecen hijas de su tiempo y, al mismo tiempo, capaces de sobrevivir a él. En el centro de todo está Louis de Funès, volcán cómico inagotable, que aquí encarna a Victor Pivert, un industrial francés intolerante, racista y mezquino que, por una cadena de equívocos delirantes, termina haciéndose pasar por un rabino ortodoxo.
Oury construye la película como un mecanismo de relojería disparatada: persecuciones, disfraces, malentendidos y coreografías imposibles que avanzan con la precisión del vodevil. Pero bajo esa superficie frenética late una sátira clara sobre el prejuicio y la xenofobia. La transformación de Pivert no es moral en el sentido solemne, sino cómica y accidental, pero permite a la película desmontar el absurdo de la intolerancia mediante la risa. En ese equilibrio entre carcajada y comentario social reside su fuerza.
De Funès, maestro del gesto crispado y la explosión nerviosa, ofrece uno de sus papeles más emblemáticos. Su cuerpo parece hecho de goma, su voz se quiebra en cada indignación, y su capacidad para sostener el caos sin perder ritmo convierte cada escena en un número casi musical. La célebre secuencia del baile jasídico, absurda y luminosa, resume el espíritu del film: humor físico, irreverencia y una alegría contagiosa que atraviesa décadas.
Puede discutirse si ciertos estereotipos, vistos hoy, resultan incómodos o si el tono farsesco simplifica conflictos culturales complejos. Sin embargo, la película nunca ridiculiza la fe judía, sino la estrechez mental del protagonista. Oury filma con energía clásica, heredera de la comedia europea de posguerra, y consigue que la historia avance como una avalancha de gags sin perder claridad narrativa.
Mas de cincuenta años después, Rabbi Jacob sigue siendo una fiesta desbordante. Una comedia popular, ruidosa y generosa, que demuestra que la risa —cuando nace de la inteligencia— puede ser también una forma de convivencia. Y en el rostro desencajado de Louis de Funès, entre gritos y carreras, late el recordatorio de que el humor, a veces, es la mejor manera de desmontar nuestros prejuicios.


Divertidísima comedia con un Louis de Funes que esta en su salsa. No hay escena que no te partas la caja con ella.
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