EL CINE DE LOS AÑOS 70. LA REBELION DE LAS MUERTAS (1973)

 EL CINE DE LOS AÑOS 70.



LA REBELION DE LAS MUERTAS (1973)
REPARTO: PAUL NASCHY, ROMY, MIRTA MILLER, VICTOR ALCAZAR, MARIA KOSTY, AURORA DEL ALBA, LUIS CIGES, PEDRO BESARI, ANTONIO PICA, ELSA ZABALA, MONTSERRAT JULIÓ, RAMON LILLO, NORMA KASTEL
DIRECTOR: LEON KLIMOVSKY
MÚSICA: JUAN CARLOS CALDERON
PRODUCTORA: PROFILMES
DURACIÓN: 85 min.
PAÍS: ESPAÑA
A comienzos de los setenta, el cine español vivió una fiebre singular: castillos, maldiciones y criaturas nocturnas poblaron la pantalla en una avalancha de producciones que buscaban conquistar el mercado internacional. En ese contexto nació La rebelión de las muertas, obra dirigida por León Klimovsky y escrita por el omnipresente Paul Naschy —nombre artístico de Jacinto Molina—, que además se reservó un triple papel ante la cámara.

La película, pese a alguna escena sugerente como la pesadilla satánica protagonizada por el propio Naschy, revela pronto sus limitaciones. El guion mezcla vudú, brujería, muertos vivientes y rituales orientales en un mosaico folletinesco donde la coherencia narrativa apenas existe. Klimovsky, cineasta eficaz en otras ocasiones, solo logra imprimir ritmo a un relato que parece rodado con prisa, sin tiempo para pulir ideas ni personajes.

Las criaturas que dan título al film —entre ellas Aurora de Alba— avanzan a cámara lenta, evocando inevitablemente a los vampiros de La noche de Walpurgis, otro trabajo del mismo director. Pero lo que allí era atmósfera inquietante aquí se convierte en reiteración sin misterio. La acumulación de elementos esotéricos y venganzas familiares desemboca en un batiburrillo que nunca termina de encontrar su tono.

El reparto, con presencias atractivas como Mirta Miller o María Kosty, intenta sostener el conjunto, aunque algunos momentos rozan el absurdo involuntario: la escena de la morgue, la villana tardía y exagerada o el extraño prólogo en el cementerio revelan una producción irregular que oscila entre el terror y la parodia.

Ni siquiera la música de Juan Carlos Calderón consigue elevar el tono, sonando más cercana a un publirreportaje televisivo que a una banda sonora inquietante. Todo ello convierte la película en un ejemplo extremo de las prisas y contradicciones del Fantaterror: imaginación desbordada, presupuestos mínimos y resultados desiguales.

Y sin embargo, como tantas obras de aquel periodo, La rebelión de las muertas conserva un interés histórico. No tanto por su calidad, sino por lo que revela de una industria que, con pocos medios y mucha audacia, intentó construir un universo propio de horror popular. Entre aciertos fugaces y torpezas evidentes, queda el retrato de una época donde el cine español soñaba con vampiros… aunque a veces despertara demasiado pronto.


Comentarios

  1. Pelicula que ha envejecido muy mal, recuerdo de pequeño haberla visto y no veas el miedo que llevaba en el cuerpo, pero hoy día es un film bastante ingenuo, donde lo mas destacable es su tratamiento del tema del vudú.

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