EL CINE DE LOS AÑOS 70. LA NOCHE DE LAS ESTRELLAS FUGACES (1973)

 EL CINE DE LOS AÑOS 70



LA NOCHE DE LAS ESTRELLAS FUGACES (1973)
REPARTO: CHRISTINA VON BLANC, CARMEN YAZALDE, ROSA PALOMAR, ANNE LIBERT, HOWARD VERNON, JESUS FRANCO, PAUL MULLER, NICOLE GUETTARD, ALICE ARNO, WAL DAVIS, LINDA HASTREITER, ROSE KIEKENS
DIRECTOR: JESUS FRANCO
MÚSICA: BRUNO NICOLAI
PRODUCTORA: BRUX INTERNATIONAL PICTURES
DURACIÓN: 75 min.
PAÍS: BELGICA, FRANCIA, ITALIA, LIECHENSTEIN
Con cualquiera de sus muchos títulos —el más popular, Virgen entre los muertos vivientes—, esta película ocupa un lugar peculiar dentro de la inmensa filmografía de Jess Franco. Rodada en la década en la que el director firmó obras a ritmo casi febril, la cinta condensa lo mejor y lo más problemático de su universo creativo: intuiciones visuales fascinantes y una narrativa que parece disolverse entre brumas.

El relato, si es que puede hablarse de uno, avanza como una sucesión de visiones inconexas. Las escenas se encadenan sin lógica aparente, y el espectador queda abandonado a su propia interpretación, tratando de adivinar si contempla un plano real, un recuerdo, un sueño o una pesadilla. El tramo final, especialmente, se convierte en una experiencia casi abstracta, donde la frontera entre vivos y muertos, realidad y ensoñación, parece deliberadamente borrada.

Y sin embargo, en medio de esa confusión, Franco consigue algo que pocos cineastas de serie Z lograron con presupuestos tan escasos: una atmósfera hipnótica. El tono espectral, sostenido por una música envolvente, crea un clima de inquietud poética, cercano al surrealismo, que recuerda más a la tradición del fantástico europeo que al terror convencional. No es casual: la presencia de Jean Rollin, colaborador en la dirección y el montaje, se deja sentir en ciertos encuadres delicados y en una escenografía más cuidada de lo habitual en el cine de Franco.

El propio Franco aparece en pantalla, encarnando al inquietante Basilio, un mayordomo silencioso y perturbador. Y, como tantas veces en su obra, el director recurre al erotismo como elemento casi inevitable, mostrando los cuerpos femeninos con insistencia, en especial el de Christina von Blanc. Es un rasgo discutible pero inseparable de su estilo, donde la provocación y el fetichismo convivían con la exploración del fantástico.

Queda la sensación de una película que pudo ser otra cosa. Con un guion más claro y un título menos engañoso —porque aquí no hay zombis ni vampiros en sentido clásico—, quizá habría alcanzado el estatuto de pequeña joya del cine marginal. Tal como es, permanece como una obra confusa, irregular, pero también fascinante en su rareza: un sueño torpe y hermoso, perdido entre los pliegues más extraños del cine europeo de los setenta.

Comentarios

  1. Como todo el cine de Jess Franco o al menos como todo el que he visto de este realizador, una mala pelicula; puede que lo mejor del film donde hay cierto estilo visual es el cierre del film. Lo mejor Howard Vernon con un personaje ciertamente inquietante.

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