DEATHSTALKER (2025)

 EL OJO CRITICO



DEATHSTALKER (2025)
REPARTO: DANIEL BERNHARDT, CHRISTINA ORJALO, PATTON OSWALT, PAUL LANZENBY, NICHOLAS RICE, NINA BERGMAN, JON AMBROCE, LAURIE FIELD, TROY JAMES, MATTHEW NINABER, TANYA SAARI, CONNOR SWEENEY
DIRECTOR: STEVEN KOSTANSKI
MÚSICA: BEAR McCREARY
PRODUCTORA: RAVEN BANNER ENTERTAINMENT
DURACIÓN: 103 min.
PAÍS: CANADA
Hay películas que nacen con vocación de culto inmediato, no por su ambición artística sino por su descarada voluntad de divertirse con sus propias limitaciones. Ese es el espíritu que atraviesa esta nueva versión de Deathstalker, una reinterpretación moderna de la cinta producida en los ochenta por el incombustible Roger Corman. Lejos de aspirar a prestigios académicos, la propuesta se mueve en otro terreno: el de la serie B orgullosa de su condición, la del entretenimiento deslenguado y sangriento que parece rescatado directamente de la estantería de un videoclub.

Al frente del proyecto se encuentra Steven Kostanski, cineasta que ya había demostrado su amor por el fantástico más delirante con Psycho Goreman. Su aproximación aquí es clara: abrazar sin complejos la estética pulp de la fantasía medieval ochentera y llevarla a una versión contemporánea sin perder su encanto artesanal. El resultado es una aventura donde un antiguo caballero, ahora convertido en mercenario, acaba envuelto en una lucha contra fuerzas oscuras tras entrar en contacto con un amuleto maldito que desencadena el caos.

Uno de los grandes aciertos del filme es su apuesta decidida por los efectos prácticos. En lugar de confiar en soluciones digitales, Kostanski llena la pantalla de criaturas fabricadas con látex, animatrónicos y disfraces de monstruos que remiten directamente al cine fantástico de otra época. Las decapitaciones, los miembros amputados y los chorros de sangre exageradamente falsos forman parte de un espectáculo visual que, más que realista, resulta deliciosamente artesanal.

Narrativamente, la película tampoco pretende engañar a nadie. El argumento funciona poco más que como un hilo conductor para encadenar enfrentamientos con criaturas grotescas y secuencias de combate. Todo avanza con lógica de videojuego: avanzar, luchar y seguir adelante. Pero la cinta es plenamente consciente de ello y juega con un humor autoparódico que evita que el conjunto se tome demasiado en serio.

En el centro de la carnicería fantástica aparece Daniel Bernhardt, que encarna al protagonista con una energía física sorprendente. A sus más de sesenta años, el actor demuestra una presencia contundente en las escenas de acción, empuñando la espada con la seguridad de un veterano especialista. En contraste, el contrapunto cómico lo aporta Patton Oswalt, quien presta su voz al excéntrico mago Doodad, encargado de aportar ligereza a un relato dominado por monstruos y combates.

Como experiencia cinematográfica, la película es irregular y a ratos caótica, pero también tremendamente honesta. Su ritmo acelerado apenas deja espacio al aburrimiento y su metraje se consume como una celebración del exceso: criaturas de goma, violencia exagerada y humor autoconsciente.

Más que una gran película, esta Deathstalker funciona como un homenaje festivo a la fantasía de bajo presupuesto de los años ochenta. Una propuesta desenfadada, ideal para una noche de diversión sin pretensiones, que demuestra que el espíritu irreverente de la vieja serie B todavía puede resultar sorprendentemente contagioso.




Comentarios