BETTE DAVIS Y EL ANUNCIO EN QUE SOLICITABA TRABAJO.
A comienzos de los años sesenta, el nombre de Bette Davis parecía haberse deslizado hacia una zona incómoda de Hollywood: ese lugar donde las estrellas veteranas eran consideradas reliquias de otra época. Con diez nominaciones al Oscar a sus espaldas y una carrera legendaria, la actriz se encontraba atrapada en lo que la propia industria llamaba, con cruel frialdad, el actress graveyard, el cementerio de las actrices. Los estudios ya no la veían como una apuesta rentable y los papeles que llegaban a sus manos eran cada vez más escasos o poco estimulantes.Paradójicamente, apenas una década antes había vivido un renacimiento artístico gracias a All About Eve, conocida en español como Eva al desnudo. Aquella película —a la que llegó casi por casualidad tras la salida de Claudette Colbert del proyecto— devolvió a Davis al centro del firmamento cinematográfico. La actriz tenía entonces 49 años y su interpretación de Margo Channing se convirtió en uno de los retratos más feroces y brillantes de la vanidad y el paso del tiempo en el mundo del espectáculo. Ella misma llegó a afirmar que aquella obra la había “resucitado de entre los muertos”.
No era una afirmación exagerada si se recuerda la etapa anterior. Durante los años treinta y primera mitad de los cuarenta, Davis había sido una de las grandes reinas de la Warner Bros.. Entre 1935 y 1945 encadenó títulos fundamentales como Dangerous, Jezebel —ambos premiados con el Oscar a mejor actriz—, además de interpretaciones memorables en The Private Lives of Elizabeth and Essex, The Letter o Now, Voyager. Durante aquella etapa su presencia dominaba la pantalla con una intensidad que pocos podían igualar.
Sin embargo, el paso del tiempo empezó a pesar. A finales de los cuarenta y principios de los cincuenta los estudios comenzaron a relegarla a papeles de mujeres maduras, alejándola del tipo de protagonismo que había definido su leyenda. Aunque aún firmó trabajos notables —como The Star o Phone Call from a Stranger—, el sistema de Hollywood se mostraba cada vez más reticente a confiar en una actriz que ya superaba la edad que la industria consideraba “vendible”.
Fue entonces cuando Davis decidió hacer algo que ninguna estrella habría osado intentar. El 12 de septiembre de 1962 publicó un pequeño anuncio en la revista Variety. El texto, redactado con una ironía mordaz, parecía una oferta de empleo corriente: una mujer divorciada, madre de tres hijos y con treinta años de experiencia como actriz buscaba trabajo en Hollywood. La firma al final del mensaje no dejaba lugar a dudas: Bette Davis.
La fotografía que acompañaba el anuncio mostraba a la actriz con una sonrisa cómplice, casi desafiante. Aquella aparente broma escondía una crítica feroz al edadismo que ya dominaba la industria. Muchos ejecutivos consideraron el gesto una provocación intolerable: las estrellas no pedían trabajo. Davis, en cambio, lo veía de otro modo. Años después resumiría su postura con una frase rotunda: no tenía intención de desaparecer educadamente.
La jugada resultó extraordinariamente eficaz. Ese mismo año protagonizó junto a Joan Crawford el inquietante melodrama gótico What Ever Happened to Baby Jane?. La película se convirtió en un fenómeno y marcó el inicio de una nueva etapa en su carrera, vinculada al cine de género. Durante los siguientes quince años aparecería en títulos como The Nanny, The Anniversary o la elegante intriga de Death on the Nile.
Aquel anuncio, que parecía una simple ocurrencia, terminó siendo una de las estrategias de autopromoción más brillantes jamás realizadas por una estrella de Hollywood. Con humor, orgullo y una lucidez implacable, Bette Davis convirtió una supuesta súplica en un gesto de rebeldía pública. Y, de paso, recordó a la industria que las grandes actrices no desaparecen: simplemente esperan el momento adecuado para volver a escena.


Comentarios
Publicar un comentario