EL OJO CRITICO
ABRAHAM’S BOYS: A DRACULA STORY (2025)
REPARTO: TITUS WELLIWER, JOCELIN DONAHUE, AURORA PERRINEAU, CORTEON MOORE, BRADY HEPNER, JONATHAN HOWARD, LARRY CEDAR, JUDAH MacKEY, PAUL WONG, NICK EPPER, FAYNA SANCHEZ, FORREST McCLAIN
DIRECTORA: NATASHA KERMANI
MÚSICA: BRITTANY ALLEN
PRODUCTORA: ILLIUM PICTURES
DURACIÓN: 89 min.
PAÍS: REINO UNIDO, ESTADOS UNIDOS
La acción se sitúa en los albores del siglo XX, en una granja perdida cerca de Sacramento. Allí viven Abraham y Mina Van Helsing con sus hijos, Max y Rudy. El apellido promete un legado legendario, pero lo que encontramos es a un patriarca rígido y opresivo, más preocupado por imponer su autoridad que por comprender el miedo que crece dentro de su hogar. Cuando Mina comienza a enfermar, atrapada por una presencia inexplicable, el relato parece abrir la puerta al horror… pero esa puerta nunca se termina de cruzar.
La directora y guionista Natasha Kermani apuesta por el formato en 4:3, buscando un encierro visual que evoque aislamiento y claustrofobia. La idea es sugerente, pero el resultado se queda en gesto estético sin tensión dramática. La cámara observa sin inquietar, la narración avanza con torpeza y la amenaza nunca adquiere cuerpo.
En el centro, Titus Welliver compone a Abraham Van Helsing como un hombre opaco, distante, errático en sus decisiones. Su presencia no impone misterio ni autoridad; simplemente flota, desprovista de intensidad. Jocelin Donahue, vista en Last Stop in Yuma County y Offseason, aporta una cierta fragilidad en su Mina, pero el personaje queda atrapado en la indefinición. Curiosamente, los hijos —Max y Rudy— son los únicos que insinúan vida emocional, quizá porque en ellos late el conflicto generacional que la película nunca explora del todo.
Y ahí está uno de los grandes vacíos del film: el choque entre herencia y libertad, entre mito y realidad. ¿Qué significa ser hijo de Van Helsing? ¿Qué legado se transmite cuando el miedo sustituye al amor? La película roza esas preguntas, pero nunca se atreve a profundizar. Todo queda en superficie, en diálogos que prometen más de lo que entregan.
La intención de trasladar el imaginario de Drácula al paisaje de un western crepuscular tenía potencial. Podría haber surgido un cruce fascinante entre el horror clásico y la dureza del campo californiano. Pero la amenaza vampírica se evapora antes de existir, y el film termina convertido en una narración morosa, sin suspense ni emoción.
Así, Abraham’s Boys: A Dracula Story se convierte en una curiosidad para completistas del mito, una obra que se contempla más por su promesa que por su logro. Porque el vampiro nunca aparece… y el drama humano que debía sustituirlo tampoco logra morder. En esa granja silenciosa, lo único que realmente se desvanece es la posibilidad de una buena historia.


Aunque la sombra de Drácula esta durante toda la pelicula presente, ni un solo colmillo aparece, y es mas el terror no es sobrenatural, es terrenal. La pelicula es mas bien un drama rural con toques de terror psicológico entorno a un Van Helsing que reside en los EEUU en un ambiente rural, 18 años después de la muerte de Drácula y casado con Mina Harker y con dos retoños. Algo lenta, pero se deja ver.
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