80 AÑOS DEL "STRIPTEASE" DE RITA HAYWORTH EN "GILDA"
En 1946, una película de apariencia sencilla terminó convirtiéndose en un fenómeno cultural capaz de trascender la pantalla. Aquella producción era Gilda, dirigida por Charles Vidor y protagonizada por Rita Hayworth y Glenn Ford. Con su mezcla de melodrama romántico y atmósfera de cine negro, la historia se articulaba alrededor de un triángulo amoroso cargado de resentimientos, celos y traiciones, situado en un elegante casino de Buenos Aires. Allí se cruzaban el destino de un jugador atormentado, el poderoso dueño del local —interpretado por George Macready— y la enigmática mujer que da título al film.
El guion, inspirado en un relato de E. A. Ellington y adaptado por Jo Eisinger y Marion Parsonnet, no ocultaba ciertas resonancias del clásico Casablanca, hasta el punto de que en un primer momento se barajó la posibilidad de contar con Humphrey Bogart para el papel protagonista masculino. El actor, sin embargo, declinó la oferta, consciente de que el foco de atención recaería inevitablemente en la figura femenina del relato.
Ese magnetismo tenía nombre propio. La actriz que encarnaba a Gilda, nacida como Rita Hayworth —aunque su verdadero nombre era María del Carmen Cansino—, llevaba en la sangre la tradición artística: su padre era el bailarín sevillano Eduardo Cansino, mientras que su madre, Volga Hayworth, había trabajado como bailarina de vodevil. Hollywood adoptó el apellido materno para lanzar su carrera y transformarla en una de las grandes estrellas de la época.
Sin embargo, el momento que terminó de convertir la película en mito fue una escena aparentemente sencilla. En ella, Gilda aparece interpretando la canción Put the Blame on Mame con un ceñido vestido negro y largos guantes. El gesto de quitarse lentamente uno de ellos bastó para provocar un escándalo y una fascinación que el cine pocas veces había visto. Paradójicamente, aquel número —que muchos imaginaron mucho más audaz de lo que realmente era— fue filmado cuando la actriz aún ocultaba bajo el vestuario un corsé, pues acababa de ser madre de su hija Rebecca Welles, fruto de su matrimonio con Orson Welles.
La película llegó a los cines estadounidenses el 14 de marzo de 1946 y su éxito fue inmediato. No ocurrió lo mismo en todos los países. En la España de posguerra, bajo el régimen de Francisco Franco, el estreno en 1947 provocó controversia y protestas, incluso con incidentes en algunas salas. La reacción más severa llegó desde la Iglesia, cuando el obispo Antonio de Pildain y Zapiáin condenó públicamente el film y advirtió a los fieles de que asistir a su proyección suponía cometer “pecado mortal”.
Curiosamente, la leyenda de Gilda acabaría extendiéndose más allá del cine. Durante las pruebas nucleares estadounidenses en el Pacífico, una bomba llegó a ser bautizada con el nombre del personaje y adornada con una imagen de la actriz, una ocurrencia que a Hayworth no le hizo ninguna gracia. Décadas después, el mito también adoptaría una forma más cotidiana y gastronómica: en el bar Casa Vallés nació el célebre pincho llamado “Gilda”, elaborado con aceituna, anchoa y piparra, descrito como “verde, salado y un poco picante”.
Quizá ese retrato involuntario resumía mejor que nadie el aura de la película y de su protagonista. Porque si algo dejó claro la historia es que el personaje y la mujer que lo interpretaba no eran exactamente lo mismo. Años después, la propia actriz lo resumiría con una frase que quedó para siempre asociada a su leyenda: los hombres soñaban con Gilda… pero al despertar, se encontraban con Rita.

No se si fue mas famosa el striptease o la bofetada, de todas formas un clasicazo del cine.
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