EL OJO CRITICO
28 AÑOS DESPUÉS: EL TEMPLO DE LOS HUESOS (2026)
REPARTO: RALPH FIENNES, JACK O’CONNELL, ALFIE WILLIAMS, ERIN KELLYMAN, CHI LEWIS-PARRY, EMMA LAIRD, ROBERT RHODES, MAURA BIRD, GHAZI AL-RUFFAI, NATALIE COUSTEAU, ELLIOT BENN, SAM LOCKE, CONNOR NEWALL
DIRECTORA: NIA DaCOSTA
MÚSICA: HILDUR GUONADOTTIR
PRODUCTORA: COLUMBIA PICTURES
DURACIÓN: 109 min.
PAÍS: REINO UNIDO, ESTADOS UNIDOS
Han pasado siete meses desde 28 años después y, cuando intento recordar qué quedó de aquella experiencia, emerge un rostro por encima de todos: el de Ralph Fiennes. Su presencia, grave y herida, era lo único que parecía tener verdadero peso en medio de una película que, por momentos, se saboteaba a sí misma.
Sospecho que dentro de otros siete meses, cuando piense en 28 años después: El templo de los huesos, volverá a suceder lo mismo. Fiennes, sí… y quizá también Sansón, cuya relación con el doctor Ian Kelson articula la parte más sugerente de esta nueva entrega. Es ahí donde late el nervio dramático que la saga necesita: no en los infectados, sino en los vivos.
Porque si algo ha dejado claro el universo creado por Alex Garland —continuador natural de aquella herida abierta por 28 Days Later— es que el verdadero terror nunca fue la rabia vírica, sino la humana. En ese terreno, la secuela encuentra sus mejores momentos: en la sospecha, en la fe manipulada, en los falsos profetas que prosperan en el caos, como el personaje de Jack O'Connell, que vuelve a encarnar esa figura inquietante del líder que se alimenta del miedo.
Curiosamente, la película respira mejor bajo la dirección de Nia DaCosta, más sobria, más centrada en dejar que el guion hable. Se agradece esa claridad tras una entrega anterior en la que Danny Boyle parecía empeñado en tensar la puesta en escena hasta romperla, como si el estilo importara más que la historia.
Aquí, en cambio, el relato avanza con eficacia, sin alardes innecesarios. Y sin embargo, queda una sensación persistente de déjà vu. Desde los días de George A. Romero hasta la serialización emocional de The Walking Dead, el apocalipsis zombi —o de infectados— ha repetido la misma verdad: tarde o temprano, el peligro será otro ser humano.
El templo de los huesos no escapa a esa tradición. Tiene ideas interesantes, personajes que prometen, ecos de humor negro que alivian la sangre… pero también la sensación de que muchas piezas están ahí para alimentar futuras entregas, como si la historia se fragmentara en promesas en lugar de cerrarse en sí misma. La odisea del joven Alfie Williams, por ejemplo, parece diseñada más como prólogo que como destino.
Y aun así, entre la maraña de subtramas, sobreviven los momentos íntimos: Fiennes enfrentado a sus fantasmas, Sansón cuestionando la fe heredada, los silencios que hablan más que los disparos. Esos instantes son los que permanecen, los que se adhieren a la memoria cuando el ruido se desvanece.


Me gusto mas la anterior entrega, aunque he de decir que esta tiene sus puntos que van desde ese homenaje a "El pueblo de los malditos" hasta ese tramo final de pelicula que es genial; aunque para mi lo mejor de las dos últimas entregas es el personaje que encarna Ralph Fiennes que se convierte en el único foco de atención del film.
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