SOPHIA LOREN Y MARCELLO MASTROIANNI REPITIERON UNA ESCENA MITICA... 30 AÑOS DESPUÉS EN OTRA PELICULA.
SOPHIA LOREN Y MARCELLO MASTROIANNI REPITIERON UNA ESCENA MITICA... 30 AÑOS DESPUÉS EN OTRA PELICULA.
Cuando en 1994 Robert Altman reunió de nuevo a Sophia Loren y Marcello Mastroianni en Prêt-à-Porter, el público entendió que no se trataba sólo de un cameo nostálgico. Era una sonrisa cómplice, un eco lejano de una escena que tres décadas antes había marcado la historia del cine italiano: el célebre striptease concebido por Vittorio De Sica en Ayer, hoy y mañana. En la película de Altman, el gesto se repetía con ternura autoparódica: Loren comenzaba el ritual, idéntico en ritmo y cadencia, sólo para descubrir que su partenaire se había dormido. El tiempo, con humor, cerraba el círculo.Aquella escena de 1964, tan citada como malinterpretada, nunca fue una exhibición erótica al uso. De Sica, maestro del neorrealismo que aquí se permitía la ligereza elegante de la comedia, la concibió como sátira del deseo masculino y del poder simbólico del cuerpo femenino. Loren, con ironía casi teatral, convertía el gesto en caricatura; Mastroianni, atrapado en su obsesión, encarnaba la fragilidad del mito viril. El resultado era un momento hilarante y melancólico, donde el erotismo quedaba desplazado por la humanidad.
La película, estructurada en tres episodios ambientados en distintas ciudades italianas, proponía un retrato múltiple de la mujer contemporánea. Loren interpretaba a una madre que se embaraza para evitar la cárcel, a una dama sofisticada atrapada en el adulterio y a una prostituta de corazón generoso capaz de enamorar a un seminarista. Tres máscaras distintas para un mismo rostro, tres formas de resistencia en una Italia que cambiaba sin saber muy bien hacia dónde.
El éxito fue inmediato, aunque su estreno en España se retrasara hasta 1975. En su aparente ligereza, la comedia escondía una modernidad audaz, una mirada sobre la sexualidad y las relaciones de pareja que aún hoy resulta sorprendente. Y quizá por eso el homenaje de Altman tuvo tanto sentido: no sólo evocaba una escena célebre, sino que reivindicaba la complicidad de dos actores que supieron reírse de su propio mito.
Entre la sensualidad y la ironía, entre el glamour y la ternura, aquella colaboración entre Loren, Mastroianni y De Sica dejó algo más que una anécdota célebre. Dejó la certeza de que la comedia, cuando está en manos sabias, puede revelar con una sonrisa las verdades más profundas sobre el amor, el deseo y el paso del tiempo.


Una de las escenas mas sensuales de la historia del cine protagonizada por un volcán de mujer.
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