LA LESION QUE SUFRIO NATALIE PORTMAN MIENTRAS RODABA "CISNE NEGRO".

 LA LESION QUE SUFRIO NATALIE PORTMAN MIENTRAS RODABA "CISNE NEGRO".

A lo largo de su carrera, Natalie Portman ha transitado por universos muy distintos: de la crudeza de León al espectáculo galáctico de Star Wars, pasando por la distopía combativa de V de Vendetta. Sin embargo, hay un título que terminó por definirla ante la historia del cine y fijar su nombre en el palmarés más prestigioso de Hollywood: Cisne negro. El thriller psicológico dirigido por Darren Aronofsky no solo le ofreció uno de los personajes más complejos de su trayectoria, sino que convirtió a Nina Sayers en una figura icónica del cine contemporáneo.

Aquella bailarina marcada por la obsesión, el miedo y la autoexigencia extrema le valió a Portman el reconocimiento unánime de la industria. BAFTA, Globo de Oro, Premio del Sindicato de Actores y, finalmente, el Oscar a mejor actriz consagraron una interpretación que sigue siendo referencia obligada. Pero el triunfo tuvo un precio elevado, tanto emocional como físico.

Durante la promoción del filme, la actriz ha recordado en varias ocasiones el desgaste que supuso el rodaje. En The Drew Barrymore Show, Portman confesó que una de las escenas de baile le provocó una lesión especialmente dolorosa: una costilla desplazada tras ser elevada de forma constante. “Fue realmente salvaje”, explicó al recordar un rodaje en el que su cuerpo no tenía apenas descanso, acorde con la progresiva desintegración mental de su personaje.

El propio Aronofsky dejó constancia del esfuerzo en material de detrás de cámaras, subrayando la disciplina casi inhumana a la que se sometió la actriz. Para preparar el papel, Portman entrenó con Mary Helen Bower, exbailarina del Ballet de Nueva York, quien fue clara desde el principio: si iba a interpretar a una bailarina profesional, debía entrenar como tal. No fue una metáfora. Durante meses, ambas mantuvieron jornadas de hasta cinco horas diarias, seis días a la semana, combinando ballet clásico, ejercicios de tonificación y largas sesiones de natación.

Bower llegó a detallar una rutina extrema que comenzaba antes del amanecer. Ballet durante horas al amanecer, rodajes maratonianos de doce horas y, por la noche, gimnasio y piscina. Dormir y volver a empezar. Un ciclo agotador que empujó a Portman hasta el límite, pero que terminó por dotar al personaje de una verdad física incuestionable.

Ese mismo sacrificio se extendió a Mila Kunis, su compañera de reparto y antagonista en la pantalla. La actriz también sufrió secuelas físicas y, aunque aseguró que el esfuerzo “mereció la pena”, fue tajante al cerrar esa etapa de su vida: no volvería a bailar nunca más.

Tras Cisne negro, Portman volvió a ser reconocida por la Academia con nominaciones por Closer y, años después, por Jackie, donde encarnó a Jacqueline Kennedy con una contención radicalmente distinta. Pero ninguna de esas interpretaciones ha logrado eclipsar el impacto de aquel descenso a los abismos de la mente creativa.

Hoy, la actriz se mueve entre nuevos territorios. Presta su voz en Arco, el filme de animación dirigido por Ugo Bienvenu que compite por el Oscar, y forma parte del reparto de The Gallerist, de Cathy Yan, junto a Jenna Ortega, Charli XCX y Catherine Zeta-Jones. Nuevos proyectos, nuevos retos. Pero su legado, inevitablemente, seguirá danzando al ritmo oscuro y perturbador de Cisne negro.





Comentarios

  1. Natalie Portman como muchas actrices tuvo su momento de gloria, hoy día se limita prácticamente a pasearse por los platos de televisión recordando sus experiencias para quien pueda interesar.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario