LA DOBLADORA MARIA LUISA SOLÁ ACUDIRA A LA GALA DE LOS GOYA 2026 PARA APOYAR A SUSAN SARANDON, FLAMANTE GOYA INTERNACIONAL.

 LA DOBLADORA MARIA LUISA SOLÁ ACUDIRA A LA GALA DE LOS GOYA 2026 PARA APOYAR A SUSAN SARANDON, FLAMANTE GOYA INTERNACIONAL.

Hay presencias que el público no ve, pero que forman parte esencial de la memoria sentimental del cine. Cuando en la gala de los Premios Goya de 2024 Sigourney Weaver alzó el Goya Internacional y, desde el escenario, pronunció el nombre de María Luisa Solá, algo se iluminó más allá de los focos. La actriz estadounidense recordó que su interpretación en español debía tanto —o más— a la mujer que la ha acompañado durante más de treinta películas, desde aquel lejano encuentro con Alien. Incluso citó con humor a Bill Murray para insistir en que su versión doblada mejoraba la original. Y en esa frase había un reconocimiento inusual: el de una estrella a la voz que la sostiene en otro idioma.

Dos años después, el foco apunta hacia otra gran figura de Hollywood. En la 40ª edición de los Goya, será Susan Sarandon quien reciba el Goya Internacional. Para Solá no se trata solo de una ceremonia más, sino de una cita profundamente emocional. La ha doblado en 68 ocasiones. Son casi siete décadas de respiraciones compartidas, de silencios y estallidos dramáticos traducidos con precisión milimétrica. “Cada vez que la doblo es como reencontrarme con una amiga”, ha confesado. Y esa amistad, aunque nacida en la distancia, tiene algo de íntimo y verdadero.

La actriz de El aceite de la vida y Pena de muerte —dos títulos que Solá destaca por su intensidad— le ha exigido algunos de los trabajos más complejos de su carrera. En la película dirigida por Tim Robbins, el sufrimiento contenido de Sarandon obligaba a la dobladora a mantenerse a la misma altura emocional. “Cuando ella está tan bien, tú tienes que estarlo también”, resume. No es solo una cuestión técnica; es una forma de respeto artístico.

Este año, pese a una reciente fractura de tobillo que la obligará a acudir en silla de ruedas, Solá no piensa perderse la gala en Barcelona. En 2024 no pudo asistir: una llamada tardía y las dificultades de movilidad derivadas de la huelga de tractores lo impidieron. Ahora, en cambio, quiere estar allí. Quiere, si el protocolo lo permite, compartir aunque sea un instante con Sarandon. Decirle que ponerle voz le ha dado felicidad. Que recibe cada uno de sus trabajos “con mucha alegría”. Que doblarla ha sido siempre un privilegio.

No sabe si subirá al escenario. Probablemente no. Pero su presencia tendrá un valor simbólico: el de representar a todo un oficio que rara vez recibe aplausos propios. Ya en 2004 sugirió la creación de un Goya específico para los actores de doblaje, un reconocimiento que todavía no ha llegado. Aun así, no hay amargura en sus palabras. “Voy a estar allí como toda una profesión”, subraya.

Quizá esa sea la verdadera escena que importa: no la del micrófono ni la estatuilla, sino la de una mujer que, desde la sombra luminosa del estudio de grabación, ha acompañado durante décadas a dos iconos del cine contemporáneo. Y que, cuando las luces se enciendan en la gala, sabrá que también su voz —aunque invisible— forma parte de la historia que se celebra.



Comentarios

  1. Una gran voz. Hay que reivindicar la figura de los dobladores/as de cine, ya que puede que sin su voz, las estrellas de cine serían menos estrellas.

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