HUMOR MADE IN HITCHCOCK SOBRE LA DURACIÓN DE LAS PELICULAS.
Hubo un momento en que el nombre de Alfred Hitchcock dejó de ser sólo el de un director para convertirse en una marca, en un sello capaz de atraer al público antes incluso de conocer el argumento. Pocos cineastas han tenido esa relación tan directa con el espectador: cada plano, cada silencio y cada giro de guion estaban pensados para provocar una reacción precisa, casi física, en la platea. Su filmografía —más de medio centenar de títulos y exitosas incursiones televisivas— no sólo consolidó su popularidad, sino que lo elevó a la categoría de autor total.En ese sentido, Hitchcock convivió con otros gigantes mediáticos como Orson Welles o el rockero posmoderno Quentin Tarantino, pero el británico se distinguió por su vocación de entretenimiento puro. Creía que el cine debía seducir, atrapar, divertir. Su célebre frase —“el cine no es un trozo de vida sino un pedazo de pastel”— resume una poética basada en la construcción minuciosa de la puesta en escena, donde cada elemento visual estaba calculado como en una receta perfecta.
No por ello su obra fue simple. En películas como Vértigo, incomprendida en su estreno, escondía un laberinto de obsesiones, culpas y fantasmas que el tiempo acabaría revelando. La paradoja de Hitchcock fue precisamente esa: hacer cine popular con una sofisticación formal que lo acercaba a la vanguardia. No es extraño que Jean-Luc Godard lo alabara como uno de los grandes creadores visuales del siglo XX, comparable incluso con Pablo Picasso.
Entre sus muchas ocurrencias célebres, una frase sobre la duración de las películas ha quedado grabada en la memoria cinéfila: que debía ajustarse “a la resistencia de la vejiga humana”. Aunque el propio Hitchcock explicó que la idea venía en realidad de una reflexión atribuida a George Bernard Shaw sobre el teatro, la sentencia encaja con su obsesión por el ritmo narrativo. El espectador debía permanecer cautivo, sin distracciones, hasta el último segundo.
Ahí reside su legado. En comprender que el cine es emoción organizada, arquitectura invisible que se despliega para el placer del público. Y en demostrar que la popularidad no está reñida con la profundidad: bajo el suspense, la risa o el miedo, sus películas siguen revelando el misterio esencial del acto de mirar.

Muy Hitchcock, aunque antes de empezar la sesion peliculera, siempre es conveniente vaciar la botella, a pesar de la duración de una peli. 😂
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