EL MONSTRUO DE LAS BANANAS (1973)

 EL CINE DE LOS AÑOS 70.



EL MONSTRUO DE LAS BANANAS (1973)
REPARTO: JOHN LANDIS, JOE KAHAN, JOSEPH PIANTADOSI, ELIZA ROBERTS, TOM ALVICH, WALTER LEVINE, HARRIET MEDIN, ERIC ALLISON, CHARLES VILLERS, DANA SUE COLLINS, ROBERT E. COLLINS, RICK BAKER, ANDREW MARTON
DIRECTOR: JOHN LANDIS
MÚSICA: DAVID GIBSON
PRODUCTORA: GAZOTSKIE PRODUCTIONS
DURACIÓN: 79 min.
PAÍS: ESTADOS UNIDOS
Resulta difícil tomarse Schlock como una película “normal”. Más bien parece la gamberrada filmada de un estudiante pasado de vueltas, un ejercicio de mal gusto consciente y orgulloso. Y, en el fondo, tiene sentido: John Landis siempre fue el gracioso del grupo, el bromista algo pasado de rosca dentro de aquella generación que compartió tiempo y ambiciones con Spielberg, Lucas, Milius o De Palma. Mientras unos soñaban con mitologías modernas o grandes relatos épicos, Landis prefería reírse de todo… empezando por el propio cine.

Su debut es una parodia descarada que bebe sin disimulo de King Kong, 2001: Una odisea del espacio, The Blob, Dinosaurus, Frankenstein y, cómo no, del inclasificable Robot Monster. Todo ello rodado, además, en escenarios tan míticos como las cuevas de Bronson Canyon. Landis no solo escribe y dirige, sino que se reserva el papel protagonista: un eslabón perdido malhumorado, descongelado tras milenios y arrojado a una sociedad que no comprende.

La película avanza a trompicones, encadenando situaciones casi autónomas, gags físicos de inspiración slapstick y un humor que coquetea con lo surrealista… no siempre con fortuna. El conjunto es deliberadamente caótico, desestructurado, más cercano a una sucesión de sketches que a un relato con verdadero sentido dramático. Landis insiste especialmente en bromas basadas en la confusión con personajes ciegos, retomando ideas que ya circulaban en el imaginario cómico clásico —y que recuerdan inevitablemente a El jovencito Frankenstein—.

El problema es que gran parte del humor resulta hoy muy básico, incluso infantil. Los policías torpes, los golpes repetidos, los chistes visuales de trazo grueso… todo remite a un tipo de comedia que parece sacada de una función escolar o de un festival de instituto. Un humor que ha envejecido regular, tirando a mal, y que solo conectará de verdad con espectadores muy afines a ese registro: digamos, fans irredentos de Martes y Trece o José Mota en vena.

La cosa tiene sentido si se entiende como lo que es: el desahogo creativo de un fanático del fantástico barato, criado a base de subproductos sobre simios descontrolados, científicos locos y monstruos imposibles. Décadas después, ese mismo freak decide encerrarse en un traje prehistórico —rudimentario, por decirlo suavemente— diseñado por un jovencísimo Rick Baker, en uno de sus primeros trabajos, y salir a correr por el barrio sembrando el caos.

No hay aquí rastro alguno de interpretación “animal”, ni método, ni nada que se le parezca. Ni en Landis ni, desde luego, en el resto del reparto. El único método es pasárselo bien rodando con cuatro duros, con la esperanza de que el público se contagie de ese espíritu festivo mientras se acumulan homenajes a Frankenstein (James Whale), 2001 (Kubrick) o The Blob (Yeaworth).

Vista con perspectiva, Schlock es una ópera prima tan gloriosamente estúpida como reveladora. Anticipa con claridad el tipo de cine que Landis desarrollaría después, desde Desmadre a la americana hasta buena parte de su filmografía ochentera: comedias excesivas, físicas, sin pudor alguno y con el humor como eje absoluto. Lo que vino después, ya en otra etapa, fue harina de otro costal… y bastante más pocha.

Un debut bizarro, despechugado y estrafalario, tan desacomplejado como promete su título. Y si eres de los que disfrutan con doblajes castizos, chistes localistas y barbaridades “españolizadas”, no dejes pasar la ocasión de verla doblada: ahí el disparate alcanza nuevas cotas.


Comentarios

  1. Es una de esas comedias con un tipo de humor que yo le llamo de lo absurdo, que queréis que os diga, buena no lo es, ahora tiene algún que otro momento divertido. Siendo lo mejor esas parodias a grandes clásicos del cine e incluso ese aire de cine cómico, de hecho en el desguace de un coche el simio en sus movimientos parece que imite a Stan Laurel cuando se enfadaba.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario