DENNIS QUAID RESALTA EL CARACTER GENUINO Y DIVERTIDO DE DONALD TRUMP.
En un país donde el debate público parece haberse convertido en un campo de trincheras permanente, las palabras pesan más que nunca. La industria del cine, tradicionalmente inclinada hacia posturas progresistas, tampoco ha escapado a esa fractura que atraviesa hoy a Estados Unidos. Y en ese clima crispado, la voz de Dennis Quaid ha resonado con claridad poco habitual.El actor, a sus 71 años, participó recientemente en el programa The Greg Laurie Show, conducido por el pastor y comunicador Greg Laurie. Allí, lejos de ambigüedades diplomáticas, abordó el estado ideológico de Hollywood y la creciente polarización política del país. La conversación partió de una anécdota evocada por el presentador: el cómico Dana Carvey habría comentado en un pódcast que declararse “demócrata de Clinton” en ciertos círculos de la industria podía acarrear reproches desproporcionados, incluso insultos. Quaid asintió ante esa percepción y lanzó una frase reveladora: “Lo que podías ser antes ya no es posible”.
Más que definirse bajo una etiqueta partidista, el intérprete prefirió describirse como alguien de “sentido común”, subrayando que no se considera republicano, aunque sí siente una inclinación hacia posturas conservadoras en determinados asuntos. En el centro de la charla emergió inevitablemente la figura de Donald Trump. Lejos del tono crítico dominante en buena parte del sector audiovisual, Quaid habló del actual presidente en términos personales: lo calificó de cercano, genuino y dotado de una energía poco común.
Según el actor, quienes votaron por Trump lo hicieron convencidos de que actuaba con la intención de beneficiar al país. Destacó además su perseverancia y su determinación, recordando que muchas de las políticas que hoy impulsa ya formaban parte de su discurso público décadas atrás, cuando aún era una celebridad televisiva en los años noventa. Para Quaid, esa coherencia en el tiempo refuerza la idea de que su entrada en política no respondió a una ambición improvisada.
La entrevista también transitó por terrenos más ligeros y personales. Entre anécdotas profesionales y recuerdos íntimos, el actor evocó un episodio singular: un fin de semana entero alojado en la White House durante la administración de Bill Clinton. Con humor distendido, relató que lo más inolvidable de aquellas mañanas no fue el simbolismo del lugar, sino el café instantáneo que le servían al despertar, “muy malo”, según confesó entre risas.
Intérprete de títulos recientes como Reagan, además de dramas celebrados como Lejos del cielo o La relación especial, Quaid encarna una figura cada vez más infrecuente en Hollywood: la del actor veterano dispuesto a expresar públicamente posiciones que se apartan del consenso mayoritario de la industria.
En tiempos donde la discrepancia se vive a menudo como ruptura, sus declaraciones reabren un debate más amplio: hasta qué punto el mundo del cine, espejo y altavoz cultural, tolera hoy la diversidad ideológica que presume defender.

Si ponemos en una bandeja a Donald Trump y a Pedro Sanchez, no se cual de los dos me cae mas mal, la verdad.
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