¿DE DONDE VIENE LA ENEMISTAD DE SOPHIA LOREN HACÍA MERYL STREEP?

 ¿DE DONDE VIENE LA ENEMISTAD DE SOPHIA LOREN HACÍA MERYL STREEP?

Hay personajes que no se interpretan: se reclaman. Francesca Johnson fue uno de ellos. Cuando Los puentes de Madison llegó a los cines en 1995, el rostro de esa mujer italiana atrapada en la América rural quedó ligado para siempre al de Meryl Streep. Pero durante años, en algún lugar del imaginario de Hollywood, Sophia Loren pensó que aquel papel le pertenecía por derecho propio. No como ambición profesional, sino como algo más profundo, casi biográfico.

Loren nunca lo escondió del todo. En 2007, durante la Festa del Cinema di Roma, mientras presentaba el documental Sophia. Ayer, hoy, mañana, dejó caer la confesión con una mezcla de ironía y honestidad desarmante: durante un tiempo llegó a “odiar” a Meryl Streep. El auditorio rió, entendiendo el matiz. No hablaba desde la amargura, sino desde el orgullo de quien reconoce en un personaje una prolongación de sí misma. Francesca era italiana, vivía anclada a la nostalgia de su país y cargaba con una identidad desplazada. Para Loren, aquello no era un papel: era memoria, piel, acento.

En aquel momento, Sophia Loren no era solo una estrella veterana. Era un símbolo. Dos Oscar, una carrera forjada junto a De Sica, Mastroianni, Cary Grant… Italia tenía su rostro en Hollywood. Al otro lado estaba Streep, el gran tótem del cine estadounidense, ya entonces dueña de dos premios de la Academia y de una capacidad camaleónica que parecía no conocer límites. Dos mitologías enfrentadas sin saberlo.

Mientras esa espina crecía en silencio, Clint Eastwood rodaba una de las historias de amor más delicadas del cine moderno. Los puentes de Madison se desarrollaba lejos del ruido: un fotógrafo de National Geographic perdido en Iowa, una ama de casa italiana, cuatro días suspendidos en el tiempo. El accidente convertido en destino. La elección que duele más cuando no se toma. Streep tenía 45 años y construyó a Francesca desde los gestos mínimos, desde las pausas, desde una mirada que parecía contener toda una vida no vivida.

La propia actriz ha recordado siempre aquel rodaje como algo íntimo, casi doméstico. En Cannes contó que solo vio a Eastwood perder la calma una vez, cuando el murmullo del equipo interrumpía una escena en la cocina. Un grito seco, definitivo, y el silencio volvió a ocupar su lugar. Así se filmó la película: sin estridencias, dejando que el peso recayera en lo invisible.

El tiempo hizo el resto. Los Oscar miraron de pasada —una única nominación para Streep—, pero el público selló el veredicto. La mano que no abre una puerta, la lluvia golpeando el parabrisas, esa mirada final que duele más que cualquier despedida. Francesca se volvió eterna.

Hoy, Sophia Loren tiene 91 años; Meryl Streep, 76. Ambas son historia viva del cine. Y aquel “odio” confesado con sonrisa incluida se entiende mejor con perspectiva: no fue rechazo, sino reconocimiento. La forma más elegante de admitir que Meryl Streep tomó un personaje que parecía escrito para otra… y lo convirtió en inmortal.



Comentarios

  1. Cuando se rodo la pelicula, Sophia Loren seguía siendo una mujer espectacular pese a su edad, pero yo creo que en el fondo lo que buscaba Eastwood era una mujer mas terrenal, y esa imagen era la que le ofrecía Meryl Streep.

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