TODOS LOS DEMONIOS ESTÁN AQUÍ (2025)

 EL OJO CRITICO


TODOS LOS DEMONIOS ESTÁN AQUÍ (2025)

REPARTO: EDDIE MARSAN, SAM CLAFLIN, BURN GORMAN, TIENNE SIMON, SUKI WATERHOUSE, RORY KINNEAR, BEN DILLOWAY, ADAM BETTERTON
DIRECTOR: BARNABY ROPER
MÚSICA: PETER RAEBURN
PRODUCTORA: PARAMOUNT PICTURES
DURACIÓN: 91 min.
PAÍS: REINO UNIDO
Un atraco fallido suele ser el inicio de una huida. En All the Devils Are Here, en cambio, es el prólogo de una condena. Cuatro criminales se refugian en una casona aislada en Dartmoor, buscando tiempo, silencio y una salida. Pero lo que encuentran es otra cosa: un encierro que no protege, sino que devora. Barnaby Roper toma una premisa tan elemental como eficaz y la estira hacia un thriller asfixiante y sombrío, más interesado en la corrosión interna que en el estallido externo.

La película entiende muy pronto que su verdadero motor no es el peligro de fuera, sino la tensión de dentro. El miedo no llega con sirenas ni con patrullas, sino con algo más íntimo: la certeza de que el grupo no resistirá. En una historia así, el espacio importa tanto como los diálogos, y el tiempo funciona como un enemigo adicional. Cada minuto encerrados no acerca la salvación: acerca la fractura.

Ahí entra el gran triunfo del film: el reparto. All the Devils Are Here se sostiene sobre una guerra interpretativa que nunca baja el pulso, incluso cuando el guion alarga ciertas escenas más de la cuenta. Eddie Marsan domina como Ronnie, un líder gastado, endurecido por el oficio y por el cansancio, que además narra en voz en off como si estuviera escribiendo sus últimas líneas antes de que la historia lo engulla. Su presencia es la de alguien que ya ha visto demasiados finales y sabe que ninguno termina limpio.

En el extremo opuesto, Sam Claflin se suelta con energía peligrosa como Grady: un personaje que no camina, estalla. Su imprevisibilidad funciona como amenaza constante, esa incomodidad que vuelve cada conversación una posible detonación. Burn Gorman, por su parte, aporta su especialidad: una frialdad ambigua que siempre sugiere doble fondo, como si estuviera pensando una jugada que nunca va a decir en voz alta. Y Tienne Simon encaja como un contrapunto vulnerable, necesario para que el encierro tenga una grieta humana, algo que pueda romperse con solo mirarlo demasiado tiempo.

Si la actuación marca el pulso, la imagen marca la temperatura. La fotografía de Peter Flinckenberg convierte la casa en un organismo húmedo, vivo, amenazante. Los pasillos parecen estrecharse, las habitaciones respiran sombra, y la oscuridad se estira como si tuviera voluntad propia. Dartmoor no se presenta como un paisaje, sino como un aislamiento: una belleza turbia, enferma, que encierra en lugar de abrir.

El montaje acompaña con una calma calculada, alternando planos cerrados que sofocan con pausas largas donde el silencio pesa más que las palabras. Es un thriller sin prisa por impresionar, sin dependencia de golpes de efecto: su apuesta es la atmósfera, la sospecha sostenida, el veneno lento.

El problema llega cuando la película se acerca al final. El tercer acto siente la necesidad de intensificar el juego y lo hace a veces a costa de su propia coherencia. Tras una construcción minuciosa, algunos giros parecen forzados, como si el guion tuviera miedo a no sorprender lo suficiente. Y esa urgencia, en un relato tan cuidadosamente contenido, deja un extraño regusto: más que explotar, el desenlace se diluye, perdiendo parte de la precisión que había sostenido la tensión.

También hay instantes en los que la pausa roza el tedio. El juego de miradas, silencios y espera funciona… pero no siempre aguanta el peso del metraje sin que se note el estiramiento. En un film tan concentrado, el equilibrio entre “respirar” y “ralentizar” es delicado, y no siempre se mantiene.

Aun con todo, All the Devils Are Here deja una impresión sólida. Es una obra de cámara criminal, con ese sabor británico de tragedia contenida y traición inevitable, como si Shakespeare se hubiera colado en un thriller de delincuentes de baja estofa. No reinventa el género, pero sí lo ejecuta con oficio: elegante en su tono, firme en su reparto, y muy consciente de que el verdadero horror no es el que irrumpe… sino el que se va instalando sin pedir permiso.

Un trabajo sobrio, oscuro y bien interpretado. Menos memorable de lo que promete al arrancar, sí, pero lo bastante consistente como para que su encierro, durante un rato, también sea el nuestro.

Comentarios

  1. Claustrofóbico thriller que a ratos resulta narrativamente pausado, pero que al final explota en una espiral de violencia llena de traiciones y donde quedan desenmascarados cada uno de los personajes de esta trama, aunque el final resulta confuso y te deja desorientado sobre lo que acabas de presenciar. El film en terminos generales está bien logrando mantener el interés en todo momento en parte gracias a las brillantes interpretaciones de todo su reparto.

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