ORSON WELLES Y SU DEFENSA AL LLAMADO CINE DE EVASION.
Pocas figuras del cine despiertan reacciones tan extremas como Orson Welles. Desde siempre, su nombre ha sido una frontera: admiración absoluta o rechazo frontal. No hay término medio. Su cine nunca fue cómodo ni invisible, y quizá por eso sigue provocando, décadas después, una mezcla de fascinación y resistencia. Incluso quienes lo discuten aceptan una evidencia incontestable: estamos ante uno de los grandes genios del arte cinematográfico.La historia suele comenzar —y a menudo terminar injustamente— con Ciudadano Kane (1941), como si aquel debut descomunal hubiera agotado todo lo que Welles tenía que decir. Pero su filmografía se extiende como un territorio mucho más amplio y accidentado, poblado de títulos esenciales: El cuarto mandamiento, La dama de Shanghái, Sed de mal, El proceso o Campanadas a medianoche. Películas distintas entre sí, pero unidas por una mirada inconfundible, barroca y libre.
Paradójicamente, esa libertad tuvo un precio. Tras el impacto inicial de su ópera prima, Welles pasó gran parte de su vida peleando por levantar proyectos, mendigando financiación, chocando con estudios desconfiados y soportando el peso de una industria que nunca supo qué hacer con él. El fracaso comercial de El cuarto mandamiento y la incomprensión que rodeó a La dama de Shanghái marcaron el inicio de un largo desencuentro con Hollywood.
Hubo que esperar más de veinte años para que el reconocimiento alcanzara una dimensión casi unánime. Para entonces, Welles ya era visto como un creador irrepetible, un intelectual del cine al que el sistema había dado la espalda demasiado pronto. Un reconocimiento tardío, como tantos otros en la historia del medio.
En 1981, cuatro años antes de su muerte, Welles fue invitado a impartir una master class en la Universidad del Sur de California. Durante hora y media habló de cine, de sus películas, de la industria y de sí mismo, dejando algunas de las reflexiones más lúcidas y desarmantes de su carrera. Fue allí donde, ante una pregunta que contraponía el cine “serio” al cine de evasión, sorprendió a todos con una confesión sin matices: le encantaban las películas de evasión. Le gustaban de verdad.
A partir de ahí, Welles desmontó una serie de dogmas académicos con la naturalidad de quien nunca creyó en ellos. Reivindicó el derecho a hacer cine para niños, o mejor aún, para el niño que todo adulto arrastra consigo. Negó que el arte naciera de una supuesta madurez plena y se burló de la idea del “adulto completo”, una figura que, según él, no existía ni en la vida real ni, mucho menos, en el cine.
Durante aquel encuentro también habló de El proceso, del uso recurrente de los espejos —“los magos usan espejos”, dijo sin solemnidad— y asumió sin excusas la responsabilidad de las interpretaciones cuestionadas de algunos de sus actores. Nada de escudos ni coartadas: si algo fallaba, era cosa suya.
Pero quizá lo más revelador fue escucharle desmentir dos de los mitos que lo habían acompañado durante años. Nunca creyó que la falta de dinero agudizara la creatividad; al contrario, hubiera deseado contar siempre con más presupuesto. Y tampoco es cierto que despreciara al público: pasó toda su vida intentando conquistarlo.
Lo consiguió, sí, pero demasiado tarde. Como suele ocurrir. Y aun así, fiel a sí mismo hasta el final, Orson Welles dejó claras unas convicciones que hoy suenan casi provocadoras: que el cine se hace mejor con dinero, que a los directores les importa el éxito y que el cine de evasión, el cine popular, puede ser tan legítimo y gozoso como cualquier otro.
Porque, al fin y al cabo, incluso los genios —o especialmente ellos— nunca dejan de jugar.

Welles hizo pelicula que se podrían decir que son de autor en su faceta de director, aunque antiguamente ser un cine de autor era un cine dirigido también al gran publico, cosa que hoy día no es así, ya que las peliculas de autor que se realizan hoy día van dirigidas a un grupo de la sociedad cinéfila, no a todos los cinéfilos. Como actor ha intervenido en multitud de peliculas de aventuras, peplums,....
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