HENRY FONDA Y BURT LANCASTER, DOS FORMAS DE VER A UNO DE LOS PERSONAJES MITICOS DEL WESTERN.

 HENRY FONDA Y BURT LANCASTER, DOS FORMAS DE VER A UNO DE LOS PERSONAJES MITICOS DEL WESTERN.

Pocos episodios del Oeste americano han sido tan revisados, reinterpretados y engrandecidos como el tiroteo del O.K. Corral. Un enfrentamiento breve, desordenado y brutal que apenas duró medio minuto acabó convirtiéndose en uno de los grandes mitos fundacionales del wéstern. Y en el centro de ese relato, casi siempre erguido, aparece Wyatt Earp.

Paradójicamente, Earp nunca fue en vida el héroe que el cine construiría después. Fue un marshal más entre tantos, un hombre de frontera que hizo cumplir la ley en un tiempo convulso, mientras el ferrocarril avanzaba, los pueblos crecían y la violencia era parte del paisaje cotidiano. Murió lejos del polvo y de los revólveres, en Los Ángeles, en 1929, con 81 años, tras haber asesorado a cineastas del wéstern mudo. Solo entonces, cuando ya no podía matizar su propia historia, empezó a convertirse en leyenda.

El episodio que fijó su nombre en la memoria colectiva ocurrió la mañana del 26 de octubre de 1881 en Tombstone, Arizona. Wyatt, junto a sus hermanos Virgil y Morgan y su inseparable Doc Holliday, se enfrentó a los Clanton y los McLaury, contrabandistas que desafiaban la ordenanza local que prohibía portar armas en la ciudad. No hubo coreografía ni épica: disparos a quemarropa, confusión absoluta, tres muertos, varios heridos y un único hombre que salió ileso. Ese detalle, mínimo y decisivo, bastó para alimentar el mito.


El cine se encargó de darle forma definitiva. John Ford fue quien selló la imagen más poderosa en Pasión de los fuertes (1946), donde Henry Fonda encarnó a un Wyatt Earp sereno, casi ascético, más preocupado por la ley que por el duelo. Ford no buscaba la verdad histórica, sino algo más profundo: la construcción moral del Oeste. El famoso tiroteo se transforma en un ritual solemne, y el personaje adquiere una dimensión casi mítica, acompañado por un Doc Holliday trágico y romántico interpretado por Victor Mature.

Una década después, John Sturges optó por otro camino en Duelo de titanes (1957). Burt Lancaster ofreció un Earp físico, autoritario y contundente, mientras Kirk Douglas daba vida a un Holliday excesivo y autodestructivo. Aquí el enfrentamiento se dilata hasta convertirse en un espectáculo prolongado, menos fiel a los hechos pero más centrado en la relación entre los personajes que en el rigor histórico.

Sería en los años noventa cuando el cine regresara al O.K. Corral con una mirada más áspera. Tombstone (1993) mostró el tiroteo como lo que fue: rápido, caótico y sucio, reflejando también la corrupción y el desgaste moral de sus protagonistas. Y en Wyatt Earp (1994), Kevin Costner interpretó al personaje desde una perspectiva biográfica, integrando el duelo como un episodio más de una vida compleja y contradictoria.

Al final, la figura de Wyatt Earp quedó para siempre asociada a dos rostros esenciales del cine clásico: el idealismo contenido de Henry Fonda y la energía implacable de Burt Lancaster. Dos formas casi opuestas de entender la ley, el poder y la violencia, pero igualmente magnéticas. Porque si algo demostró el wéstern es que, en el Oeste, la verdad importa menos que el relato… y siempre acaba imponiéndose la leyenda.



Comentarios

  1. Dos directores grandes dentro del genero y dos actores grandes pero con diferentes estilos. Yo me quedo con el tranquilo hombre de la ley que interpreta Henry Fonda, y como pelicula me quedo con Duelo de Titanes.

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