EL CINE DE LOS AÑOS 70
EL EMBROLLÓN (1973)
REPARTO: LINO VENTURA, JACQUES BREL, CAROLINE CELLIER, JEAN-PIERRE DARRAS, NINO CASTELNUOVO, ANGELA CARDILE, MICHELE GAMMINO, XAVIER DEPRAZ, FRANÇOIS DYREK, JEAN-LOUIS TRISTAN, ANDRE VALARDY
DIRECTOR: EDOUARD MOLINARO
MÚSICA: JACQUES BREL, FRANCOIS RAUBER
PRODUCTORA: LES FILMS ARIANE
DURACIÓN: 85 min.
PAÍS: FRANCIA, ITALIA
En 1973, el cine francés encontró en la comedia un terreno fértil para mezclar risa, suspense y absurdo con sorprendente eficacia. De ese cruce nace una de las películas más representativas del humor de Édouard Molinaro, realizador bordelés que supo dotar a la comedia popular de una mecánica precisa y un tempo casi matemático. Escrita por Francis Veber a partir de su propia obra teatral Le contract (1971), la película se rodó en localizaciones reales del sur de Francia, como Castries, Montpellier y Saint-Jean-de-Védas, con un presupuesto contenido y una clara vocación de entretenimiento inteligente. Producida por Georges Dancigers para varias compañías europeas, se estrenó en Francia el 20 de septiembre de 1973.
La historia articula una comedia de apariencia ligera que, sin embargo, integra elementos de cine criminal, intriga policial, comedia negra y suspense. En su núcleo se encuentra el choque frontal entre dos personajes opuestos hasta el extremo: Ralph Milan y François Pignon. Este último aparece aquí por primera vez, dando inicio a una saga que convertiría a Pignon en uno de los grandes arquetipos del perdedor entrañable del cine francés. La convivencia forzada entre ambos desata una cascada de situaciones cómicas que parten de acciones íntimas, casi insignificantes, y desembocan en consecuencias desproporcionadas y potencialmente letales.
El film extrae buena parte de su comicidad del enfrentamiento constante entre contrarios: el orden frente al caos, el método frente a la improvisación, el autocontrol frente al desbordamiento emocional. A ello se suman equívocos, identidades confundidas, celos infundados, reacciones inesperadas y decisiones caprichosas que se contradicen unas a otras. La acumulación de incidentes sin conexión aparente termina creando una sensación de asfixia cómica, un estrés creciente que arrastra a los protagonistas a situaciones cada vez más descontroladas. No se trata solo de llegar tarde o quedar en ridículo, sino de sobrevivir a una auténtica carrera contrarreloj en la que la vida está en juego.
La película introduce además una eficaz dimensión paródica. Lino Ventura juega con la imagen pública que había construido en el cine francés como intérprete de personajes duros, implacables y de gesto pétreo, llevándola aquí al terreno de la caricatura. Frente a él, Jacques Brel se interpreta a sí mismo desde el exceso opuesto: distraído, desordenado, permanentemente fuera de lugar, componiendo un personaje tan vulnerable como imprevisible. Ambos actores se prestan al juego con plena conciencia de su imagen, enriqueciendo la comedia desde la autoironía.
El humor del film dialoga abiertamente con la tradición del cine cómico clásico. La imperturbable seriedad de Ventura recuerda a Buster Keaton; los desastres encadenados provocados por actos inocentes remiten a Charlot; la confusión permanente de Pignon tiene ecos del universo de Jacques Tati; la lógica del enfrentamiento entre dos caracteres incompatibles conecta con Laurel y Hardy; y el trasfondo melancólico del protagonista parece beber del payaso crepuscular de Candilejas. Incluso hay espacio para guiños a los Hermanos Marx y paralelismos evidentes con la ingenuidad torpe del inspector Clouseau.
El resultado es una comedia construida con precisión de relojero, que no deja espacio al azar pese a su apariencia caótica. Divertida, nerviosa y cargada de referencias cinéfilas, la película se sostiene sobre un equilibrio constante entre el gag y la tensión, entre la carcajada y la angustia. Un ejemplo brillante de cómo el cine francés de los años setenta supo renovar la comedia clásica sin perder el vínculo con sus raíces, y el punto de partida de uno de sus personajes más emblemáticos.


Muy divertido y que pesadilla de compañero de aventuras que tiene "el pobre" Lino Ventura. Ventura con un rostro serio a mas no poder consigue hacer reír. Una gran comedia.
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