EL ATENTADO EN JAPON QUE PUDO HABER ACABADO CON LA VIDA DE CHARLES CHAPLIN.

 EL ATENTADO EN JAPON QUE PUDO HABER ACABADO CON LA VIDA DE CHARLES CHAPLIN.

Años después, con la perspectiva que da la historia, el Incidente del 15 de mayo de 1932 se lee como una advertencia. Un cruce peligroso entre desesperación social, idealismo juvenil y violencia política que terminó empujando a Japón por un camino sin retorno.

El país llevaba tiempo resquebrajándose por dentro. La Gran Depresión de 1929 golpeó con especial dureza a la economía japonesa: quiebras, paro, miseria en el campo y una sensación generalizada de futuro clausurado. En ese clima de frustración, muchos comenzaron a mirar atrás, hacia un Japón idealizado, anterior a la modernización, donde el emperador encarnaba una autoridad moral y política sin fisuras. De esa nostalgia nació un impulso regeneracionista que reclamaba devolver al trono el control total del Estado.

Entre jóvenes oficiales de la Armada —muchachos de poco más de veinte años— esa idea prendió con fuerza. Convencidos de que el sistema parlamentario era débil y corrupto, soñaban con una Restauración Shōwa que purificara la nación. No estaban solos: movimientos similares surgían en el Ejército y en la sociedad civil, como la Sakurakai, la Sociedad de la Flor del Cerezo. Todos compartían una fe casi romántica en la violencia como catalizador histórico.

El plan era tan radical como ingenuo. Una cadena de atentados que provocara el colapso del Gobierno, la imposición de la ley marcial y, con ella, la toma del poder por las Fuerzas Armadas. El 15 de mayo de 1932 fue la fecha elegida. Los objetivos: la residencia oficial del primer ministro, las casas de figuras clave del sistema político, infraestructuras eléctricas y financieras. Y, de forma tan delirante como reveladora, un invitado inesperado: Charles Chaplin.

Chaplin visitaba Japón por primera vez, en plena fama mundial tras Luces de ciudad. Su presencia fascinó a los conspiradores. Admiraban sus películas, pero vieron en él algo más: un símbolo global. Atentar contra Charlot, pensaban, daría a su acción una resonancia internacional capaz de sacudir el tablero geopolítico. Incluso creyeron que aquello podría empujar a Japón hacia una guerra con Estados Unidos, acelerando así la transformación del país.

El azar —o la historia— intervino. El día señalado, Chaplin cambió su agenda y, en lugar de visitar la residencia del primer ministro, asistió a una exhibición de sumō junto al hijo de este. A las 17:05, mientras el cómico se salvaba sin saberlo, un grupo encabezado por el teniente Mikami asaltaba el Kantei. El primer ministro Inukai Tsuyoshi fue asesinado. Sus últimas palabras, dirigidas a sus atacantes, fueron sencillas y trágicas: «Hablemos».

Tras los atentados, los jóvenes no huyeron. Tomaron taxis, se presentaron en comisaría y se entregaron. El país quedó conmocionado, pero buena parte de la opinión pública los vio como idealistas extraviados más que como criminales. Durante el juicio, algunos acusados enviaron al tribunal sus propios dedos meñiques, amputados según el ritual del yubitsume, como muestra de arrepentimiento.

El gesto no detuvo el curso de los acontecimientos. Lejos de corregir el rumbo, el Incidente del 15 de Mayo debilitó definitivamente el poder civil y allanó el camino hacia un Japón dominado por el militarismo. Años después, la guerra contra Estados Unidos estuvo a punto de borrar al país del mapa.

Todo comenzó con una crisis económica, un puñado de jóvenes convencidos de estar salvando a su nación… y un plan que incluyó, absurdamente, la idea de matar a Charlot para cambiar el mundo.



Comentarios

  1. Chaplin no fue la única estrella del cine en sufrir atentados directa o indirectamente, John Wayne, también sufrió intentos de acabar con su vida por parte de la KGB.

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