EL ATAQUE DE LOS MUERTOS SIN OJOS (1973)

 EL CINE DE LOS AÑOS 70

EL ATAQUE DE LOS MUERTOS SIN OJOS (1973)


REPARTO: TONY KENDALL, FERNANDO SANCHO, ESPERANZA ROY, FRANK BRAÑA, JOSE CANALEJAS, LORETA TOVAR, RAMON LILLO, LONE FLEMING, LUIS BARBOO, JOSEPH THELMAN, JUAN CAZALILLA, FRANCISCO SANZ, BETSABE RUIZ
DIRECTOR: AMANDO DE OSSORIO
MÚSICA: ANTON GARCIA ABRIL
PRODUCTORA: ANCLA CENTURY FILMS
DURACIÓN: 87 min.
PAÍS: ESPAÑA
La película evidencia desde el primer momento las limitaciones materiales con las que fue concebida. El presupuesto es exiguo, la producción modesta y los recursos claramente escasos. Sin embargo, esa precariedad no juega del todo en su contra, porque el interés de la propuesta nace menos de lo técnico que de la idea que la sostiene. Su mayor virtud está en el planteamiento: un relato de terror que bebe de las leyendas medievales españolas y recupera la figura de los caballeros templarios como eje mítico y amenazante, algo poco habitual incluso dentro del fantaterror nacional.
Resulta significativo que la acción no se sitúe en España, sino en Portugal, una decisión que responde menos a razones narrativas que a la necesidad de esquivar la censura franquista. Esta estrategia de “deslocalización” era una práctica frecuente en el cine de terror español de comienzos de los años setenta, donde pueblos sin nombre o países vecinos funcionaban como trasuntos evidentes de una realidad que no podía mostrarse de forma directa.
La estructura temporal, concentrada en una única jornada —desde el amanecer hasta la noche—, aporta cohesión al relato y refuerza la sensación de fatalidad progresiva. No obstante, el guion no siempre sabe administrar ese recurso: hay pasajes en los que la narración se estanca y ciertas situaciones se prolongan más de lo necesario, debilitando el ritmo general de la película.
El reparto cumple con solvencia. Esperanza Roy aporta una presencia magnética, mientras que Fernando Sancho construye un alcalde grotesco y autoritario, figura que funciona como una crítica apenas disimulada a las estructuras de poder del tardofranquismo y al caciquismo aún enquistado en la España rural. El resto de intérpretes se mantiene dentro de una corrección funcional, sin grandes alardes, pero sin desentonar.
Visualmente, la película alcanza algunos de sus momentos más logrados en los efectos especiales. Las apariciones de los templarios zombis, cabalgando sobre caballos igualmente espectrales y filmados a cámara lenta, generan imágenes poderosas y genuinamente inquietantes, capaces de imponerse a la modestia del conjunto. En cambio, la banda sonora de Antón García Abril resulta decepcionante, lejos del nivel que el compositor alcanzó en otros trabajos más inspirados.
Resulta inevitable señalar el curioso paralelismo argumental con La niebla (1980) de John Carpenter: una venganza surgida del pasado que se cierne sobre los descendientes de los culpables y rompe la calma de una pequeña comunidad. Aunque la comparación es tentadora, todo indica que se trata más de una coincidencia temática que de una influencia directa. Aun así, el contraste entre una película rodada con medios mínimos y otra respaldada por una industria poderosa hace que la semejanza resulte especialmente reveladora y digna de atención.

Comentarios

  1. La segunda entrega de la saga de los templarios de Ossorio y es un film que si se me apura incluso mejor que la primera entrega. Muy distraida y terror provocan esos caballeros templarios cabalgando sobre sus caballos muertos a camara lenta bajo la partitura musical de Anton Garcia Abril.

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