CUANDO EL DESTINO NOS ALCANCE (1973)

 EL CINE DE LOS AÑOS 70

CUANDO EL DESTINO NOS ALCANCE (1973)
REPARTO: CHARLTON HESTON, EDWARD G. ROBINSON, LEIGH TAYLOR-YOUNG, CHUCK CONNORS, JOSEPH COTTEN, BROCK PETERS, MIKE HENRY, PAULA KELLY, STEPHEN YOUNG, WHIT BISSELL, ROY JENSON, DICK VAN PATTEN
DIRECTOR: RICHARD FLEISCHER
MÚSICA: FRED MYROW
PRODUCTORA: METRO GOLDWYN MAYER
DURACIÓN: 97 min.
PAÍS: ESTADOS UNIDOS
Dentro de la ciencia ficción más sombría, Soylent Green ocupa un lugar privilegiado. Es una de esas películas que utilizan el futuro como espejo deformante del presente, un ejercicio distópico donde el mundo se desmorona no por una invasión alienígena ni por avances tecnológicos fuera de control, sino por algo mucho más incómodo: nuestro propio modo de vida. El agotamiento de los recursos, el crecimiento demográfico desbocado y la indiferencia moral conforman aquí un paisaje tan reconocible que resulta inquietante incluso décadas después de su estreno.


La acción se sitúa en el año 2022, en una Tierra abrasada por el cambio climático y colapsada por la superpoblación. Las temperaturas han subido, el suelo es estéril y la comida escasea hasta límites obscenos. En ese contexto surge el milagro industrial del soylent green, un alimento procesado que mantiene con vida a millones… o al menos eso se supone. El planteamiento coquetea claramente con el malthusianismo, pero lo hace desde una perspectiva amarga, sin soluciones heroicas ni discursos tranquilizadores.

Uno de los grandes aciertos de la película es su rechazo al futurismo espectacular. No hay coches voladores, ni ciudades relucientes, ni tecnología deslumbrante. El futuro que presenta es gris, sucio y agotado, casi miserable. Ese aspecto “cutre”, que puede deberse tanto a una elección estética consciente como a las limitaciones presupuestarias, termina jugando a su favor: hace que el mundo de Soylent Green resulte cercano, verosímil y, por tanto, profundamente aterrador. Más que un mañana lejano, parece una regresión a principios del siglo XX, un futuro empobrecido que ha perdido cualquier promesa de progreso.

La desigualdad social es brutal y explícita. Los ricos viven aislados del desastre, comiendo carne de buey y delicadezas imposibles como fresas a precios astronómicos, rodeados de lujos obscenos y de “mobiliario” humano —prostitutas de alta gama tratadas como parte de la decoración—. Mientras tanto, los pobres se hacinan y mueren por miles en las calles, en iglesias reconvertidas en refugios improvisados, abandonados por un sistema que ya ni siquiera finge protegerlos.

La autoridad no ofrece consuelo alguno. La policía carece de medios, es violenta, corrupta y estéticamente deprimente, con uniformes que parecen sacados de un gremio de electricistas. La ley ha sido completamente desplazada por el poder económico, y la justicia es un concepto vacío. Hay una escena que resume a la perfección este estado de cosas: el personaje de Charlton Heston, un policía con restos de conciencia, interroga al guardaespaldas de un magnate fallecido.
—Nombre completo.
—William R. Simonson.
—Profesión.
—Rico.

No hace falta añadir nada más. Soylent Green no solo anticipó debates actuales sobre clima, recursos y desigualdad, sino que lo hizo sin grandes discursos, dejando que el mundo que retrata hable por sí mismo. Y quizá por eso sigue siendo una de las distopías más incómodas y certeras del cine de ciencia ficción apocalíptica.


Comentarios

  1. Una pelicula de ciencia-ficción que no lo es tanto, quien iba a decir que un par de décadas después iba a surgir la eutanasia, y ahora que las autoridades intentan promocionar comer insectos en vez de ganado vacuna, puede que no se imponga sin saberlo nosotros el impactante descubrimiento que hace el protagonista de Soylent Green. Excelente pelicula con unos protagonistas mas que correctos donde sobresale Edward G. Robinson, en su ultimo papel y esta que se sale.

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