¿COMO CONQUISTO SARA MONTIEL A MARLON BRANDO?

 ¿COMO CONQUISTO SARA MONTIEL A MARLON BRANDO?

Hay historias que resumen un país entero en un gesto mínimo. Unos huevos fritos con patatas bastan para explicar España; si quien los cocina es Sara Montiel, el resultado roza la leyenda. Tanto, que ni siquiera Marlon Brando pudo resistirse.

Mucho antes de que la anécdota se convirtiera en mito repetido, Saritísima ya se movía por Hollywood con naturalidad. Era 1954 y acababa de rodar en México Veracruz, junto a Gary Cooper y Burt Lancaster, un trabajo decisivo tanto en lo profesional como en lo personal. Allí conoció a Anthony Mann, quien se convertiría en su primer marido y en su pasaporte directo a las fiestas, reuniones y desayunos de las grandes estrellas del momento. Entre ellas, Brando.

La actriz recordó aquella etapa en varias entrevistas, pero fue en 1995, charlando con José Manuel Parada en Cine de Barrio, cuando el episodio adquirió forma definitiva. Al mencionar el presentador “aquellos desayunos que te pedía Marlon Brando”, Montiel reaccionó entre risas: «Ay, por Dios, ya se me habían olvidado a mí los huevos de Marlon Brando».

La conversación giró entonces hacia la comida. Brando hablaba español, lo había aprendido en México durante el rodaje de ¡Viva Zapata!, y distinguía bien entre la cocina mexicana y la española. «Le encantaban las dos», recordaba ella, «pero decía que eran muy distintas». Montiel, con falsa modestia, aclaraba que no era gran cocinera, aunque dominaba una especialidad infalible: unos huevos a lo manchego, con ajo y puntilla.

Ahí estaba el secreto. Brando quiso saber qué era exactamente la puntilla. Días después, sin previo aviso, apareció en casa de la actriz en Los Ángeles a las cinco y media de la mañana. «Señora, Miss Montiel, Marlon Brando está en la cocina esperándole», le avisó la asistenta. El día amanecía y ella había olvidado por completo su promesa. Pero Brando no. «Vengo a comerme los huevos que me prometiste», dijo. Montiel calentó aceite —no mantequilla, como se acostumbraba allí—, cascó los huevos y los frió a la española. Misión cumplida.

Hollywood, sin embargo, no solo le dejó recuerdos pintorescos. En más de una ocasión, Sara Montiel contó que estuvo a punto de morir junto a James Dean en el accidente que acabó con la vida del actor el 30 de septiembre de 1955. Dean acababa de rodar Gigante y se subió a su Porsche 550 Spider sin saber que aquel viaje sería el último.

Entre desayunos imposibles y tragedias anunciadas, la actriz se llevó de Hollywood algo más que películas: un puñado de historias que, como sus huevos con puntilla, siguen chisporroteando en la memoria del cine.



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