EL CINE DE LOS AÑOS 50
BEN-HUR (1959)
REPARTO: CHARLTON HESTON, JACK HAWKINS, HAYA HARAREET, MARTHA SCOTT, STEPHEN BOYD, CATHY O’DONNELL, HUGH GRIFFITH, FINLAY CURRIE, SAM JAFFE, FRANK THRING, TERENCE LONGDON, GEORGE RELPH, ANDRE MORELL, JOHN LE MESURIER, GIULIANO GEMMA, MARINA BERTI, ROBERT BROWN, LANDO BUZZANCA
DIRECTOR: WILLIAM WYLER
MÚSICA: MIKLOS ROZSA
PRODUCTORA: METRO GOLDWYN MAYER
DURACIÓN: 222 min.
PAÍS: ESTADOS UNIDOS
William Wyler es uno de los directores más entregados al cine, un realizador capaz de transformar emociones y pensamientos abstractos en imágenes memorables. Su talento para crear melodramas de intensidad prodigiosa le ha granjeado un lugar indiscutible en la historia del séptimo arte. Y, sin embargo, Ben-Hur representa, paradójicamente, una decepcionante excepción dentro de su filmografía.
Estrenada en 1959, la película no deja de impresionar por su escala colosal: la producción, mastodóntica y meticulosamente diseñada, busca deslumbrar antes que conmover. El virtuosismo técnico es indiscutible: decorados gigantescos, galeones que surcan mares infinitos, ciudades imposibles y, por supuesto, la inolvidable carrera de cuadrigas, un espectáculo que aún hoy arranca admiración. Las imágenes entran por los ojos y permanecen en la memoria, demostrando que, cuando Wyler quiere, sabe crear un cine que no tiene rival.
Pero ahí radica el dilema. La grandiosidad visual termina eclipsando la historia. Ben-Hur es épica y aventurera, sí, pero también por momentos absurda y tediosa. La trama más interesante —la rivalidad entre Charlton Heston y Stephen Boyd, quien encarna al villano— queda relegada ante el peso de la producción y el discurso religioso que Wyler enfatiza: la enfermedad de la madre y la hermana de Ben-Hur, la leprosidad de sus vidas y las implicaciones morales que esto conlleva, ocupan un espacio que por momentos desborda la verdadera premisa de la película.
Es en esta tensión entre espectáculo y narrativa donde la obra se resiente. Cuando la trama de Boyd se diluye, todavía restan casi cuarenta o cincuenta minutos de película que se sienten innecesariamente prolongados, cargados de una moralidad cristiana que, desde mi perspectiva, distrae y empobrece la intensidad dramática de la rivalidad central. Muchos críticos celebran precisamente esa dimensión ética como uno de los ejes que da “magia” a la cinta; sin embargo, comparada con los melodramas más contenidos de Wyler, en los que bastaban un guion sólido y un puñado de actores para transmitir emociones puras, este exceso de grandilocuencia resulta, cuando menos, un lastre.
En resumen, Ben-Hur impresiona y fascina por su despliegue técnico y visual, y no se puede negar su monumentalidad. Pero esa misma grandiosidad es la que oculta el talento más íntimo y sutil de Wyler, aquel que podía emocionar sin necesidad de glotonería escénica. La película es un espectáculo inigualable, sí, pero nos recuerda que incluso los directores más brillantes pueden perderse entre su propia magnificencia.


Que tendrá esta pelicula que con una duración que sobrepasa las tres horas de largo, se hace corta; el film sabe compaginar muy bien el gran espectáculo, con el drama y el romance, con unos diálogos geniales y unos actores todos magníficos en sus respectivos roles. Que lastima que Haya Harareet no se prodigara mas en el cine. Aunque yo en esta pelicula tengo debilidad por el personaje que interpreta Finlay Currie.
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